Por Redacción | 12 de enero de 2026 | 09:30 hrs
El calendario marca el 12 de enero de 2026, y mientras el país intenta retomar la rutina tras las fiestas decembrinas, hay más de 120 mil sillas vacías en los comedores de las familias mexicanas. El fenómeno de las Desapariciones en México no es una estadística fría en un excel gubernamental; es una tragedia humanitaria que se extiende como una mancha de aceite, devorando generaciones, futuros y la paz social de regiones enteras.
A pesar de las promesas de transformación, los cambios de estrategia de seguridad y la creación de nuevas comisiones, la realidad en el terreno es devastadora. Las Desapariciones en México han evolucionado, mutando de ser un daño colateral de la «Guerra contra el Narco» a convertirse en una herramienta de control territorial y terror pedagógico sistémico. En esta crónica analítica, desglosamos el estatus actual de esta crisis, las cifras que el Estado preferiría ocultar y el dolor de quienes rascan la tierra con sus propias manos para encontrar a los suyos.
1. El Registro Nacional y la danza de las cifras
Hablar de Desapariciones en México es entrar en un terreno de disputa numérica. Al corte de este lunes, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) muestra una tendencia al alza que desafía cualquier narrativa optimista. Si bien el gobierno federal intentó en años anteriores realizar un «censo» para depurar las listas, la realidad se impuso: la gente sigue desapareciendo más rápido de lo que las autoridades pueden contar.
Las cifras oficiales reconocidas por colectivos independientes sitúan el número total histórico por encima de las 126,000 personas. Sin embargo, el subregistro es el verdadero abismo. En zonas silenciadas de Chiapas, Michoacán y Zacatecas, denunciar una desaparición es firmar una sentencia de muerte. Por ello, expertos de la ONU y organizaciones como Data Cívica estiman que las Desapariciones en México podrían ser, en realidad, un 30% más altas de lo reportado. La cifra oficial es solo la punta del iceberg de un sistema que ha normalizado la ausencia.
2. La Crisis Forense: Cuerpos sin nombre, nombres sin cuerpo
Si la desaparición es el primer crimen, la incapacidad de identificar los restos encontrados es el segundo. En 2026, México enfrenta una emergencia forense sin precedentes. Las morgues y los servicios médicos forenses (SEMEFO) de estados clave como Jalisco, Guanajuato y Baja California están colapsados.
Se estima que hay más de 60,000 cuerpos no identificados resguardados en fosas comunes estatales, contenedores frigoríficos o panteones forenses. El Mecanismo Extraordinario de Identificación Forense (MEIF), creado con esperanza hace años, avanza a pasos lentos frente a la magnitud del desastre. Las Desapariciones en México no terminan cuando se encuentra un cuerpo; ahí comienza otro calvario burocrático.
Hay madres que llevan buscando a sus hijos cinco años, sin saber que sus restos quizás llevan tres años «resguardados» en un servicio forense a pocos kilómetros de su casa, debido a la falta de cruce de bases de datos genéticas. Esta desconexión institucional es una forma de revictimización cruel que define la crisis actual.
3. La geografía del dolor: ¿Dónde desaparecen los mexicanos?
El mapa de las Desapariciones en México ha cambiado su configuración en este 2026. Si hace una década el foco rojo era exclusivamente el norte del país, hoy la mancha se ha expandido hacia el centro y el sur.
- Jalisco: Sigue siendo el epicentro de la tragedia, con miles de jóvenes reclutados forzadamente por el crimen organizado para sus filas o para trabajos forzados en campamentos clandestinos.
- Estado de México y CDMX: Aquí, el fenómeno tiene un rostro distinto. Las Desapariciones en México en la zona metropolitana afectan desproporcionadamente a mujeres jóvenes y adolescentes, vinculadas muchas veces a redes de trata de personas que operan a la vista de todos.
- La Frontera Sur: Con la crisis migratoria, Chiapas se ha convertido en un agujero negro. Migrantes centroamericanos y sudamericanos desaparecen en la selva o en las rutas controladas por los cárteles, sin que nadie reclame por ellos en territorio nacional.

4. Las Madres Buscadoras: La única luz en la oscuridad
Ante la inoperancia del Estado, la respuesta ciudadana ha sido heroica y dolorosa. Los colectivos de Madres Buscadoras se han convertido en los verdaderos peritos forenses del país. Son ellas quienes, con picos y palas financiados por rifas y donaciones, encuentran las fosas clandestinas que las fiscalías ignoran.
Sin embargo, buscar a los desaparecidos en 2026 es una profesión de alto riesgo. En los últimos dos años, al menos 8 madres buscadoras han sido asesinadas en estados como Guanajuato, Sonora y Puebla. Las Desapariciones en México han generado un efecto colateral perverso: quienes buscan verdad, encuentran plomo. A pesar de las medidas de protección del Mecanismo Federal, las amenazas son constantes. «Si sigues buscando, te vamos a desaparecer a ti también», es el mensaje recurrente que reciben estas mujeres que han perdido el miedo porque ya perdieron todo lo demás.
5. La impunidad casi absoluta: El motor de la tragedia
¿Por qué siguen ocurriendo las Desapariciones en México? La respuesta es simple y aterradora: porque no pasa nada. El índice de impunidad en este delito roza el 98%. De cada 100 carpetas de investigación abiertas por desaparición, menos de dos llegan a una sentencia condenatoria.
Esta falta de castigo envía un mensaje de incentivo a los perpetradores. Desaparecer a una persona es «barato» en términos penales. Los ministerios públicos, a menudo rebasados o infiltrados, siguen aplicando protocolos arcaicos, pidiendo a las familias esperar 72 horas (algo contrario a la ley) o estigmatizando a la víctima con frases como «se fue con el novio» o «andaba en malos pasos». Mientras el sistema de justicia no funcione, las Desapariciones en México seguirán siendo el crimen perfecto.

Análisis: El cambio de perfil en las víctimas
Un fenómeno alarmante que los sociólogos han detectado en este 2026 es el cambio en el perfil demográfico de las víctimas. Históricamente, se pensaba que la desaparición afectaba hombres jóvenes en edad productiva. Hoy, las cifras muestran un aumento inquietante en la desaparición de menores de edad y mujeres.
Esto sugiere que las Desapariciones en México ya no responden únicamente a una lógica de «guerra entre cárteles», sino a economías ilícitas diversificadas: trata sexual, tráfico de órganos, adopciones ilegales y esclavitud moderna. El tejido social se está desgarrando desde sus cimientos más vulnerables.
Conclusión: Una deuda histórica sin saldar
Al cerrar esta crónica este 12 de enero de 2026, la conclusión es amarga. Las Desapariciones en México no son un problema del pasado, son la crisis más urgente del presente. Ningún logro económico, ninguna obra de infraestructura faraónica y ningún discurso político pueden ocultar el hecho de que en este país, la tierra está sembrada de huesos.
La solución no vendrá de maquillar cifras ni de cambiar nombres a las instituciones. Requiere voluntad política para enfrentar al crimen, presupuesto real para la identificación forense y, sobre todo, empatía para entender que cada número en esa lista de 126,000 es un universo entero que se apagó. Hasta que no encontremos a todos, México seguirá siendo un país incompleto.








