Por Redacción | Martes 3 de febrero de 2026, 16:15 h.
El olor a plástico quemado es inconfundible. Es un aroma acre, químico, que penetra en la nariz y activa de inmediato las alarmas primitivas del cerebro humano. Para Ernesto «N», un conductor que circulaba por el Periférico de la Ciudad de México hace apenas unas semanas, ese olor no provenía del exterior, sino de las entrañas de su propia camioneta. Lo que comenzó como un viaje rutinario de regreso a casa se transformó en cuestión de segundos en una escena de película de acción, pero sin dobles de riesgo y con un peligro muy real.
Su vehículo, una SUV de aspecto moderno y líneas futuristas por la que había pagado más de medio millón de pesos, comenzó a emanar humo negro por las rejillas del aire acondicionado. Chirey, la marca que llegó a México prometiendo democratizar la tecnología y el lujo asiático, se encuentra hoy en el ojo del huracán, no por sus precios competitivos, sino por una serie de reportes escalofriantes que sugieren que algunos de sus modelos podrían tener fallas críticas de seguridad.
El sueño chino se convierte en pesadilla
Cuando Chirey desembarcó en el mercado nacional, lo hizo con la fuerza de un gigante. Espectaculares en las avenidas principales, influencers presumiendo los acabados en piel sintética y pantallas táctiles enormes. La propuesta era irresistible: un coche que parecía costar un millón, pero que se vendía por la mitad. Sin embargo, la luna de miel entre el consumidor mexicano y el gigante asiático parece estar llegando a un abrupto final, marcado por el fuego y la frustración.
En los últimos meses, las redes sociales —ese tribunal implacable donde no existe la censura corporativa— se han llenado de videos y testimonios. No son casos aislados de un espejo retrovisor flojo o un sensor de reversa descalibrado. Estamos hablando de integridad física. La narrativa se repite con una consistencia inquietante: el vehículo funciona bien, de pronto presenta testigos en el tablero (frecuentemente relacionados con la transmisión o el sistema eléctrico) y, en los casos más extremos, sobreviene el fuego.
Chirey ha mantenido una postura institucional cautelosa, pero el ruido digital es ensordecedor. Grupos de Facebook con nombres como «Defraudados por Chirey» o «Problemas Chirey México» acumulan miles de miembros que comparten desde la falta de refacciones hasta fotos de carrocerías calcinadas.
Crónica de una combustión no anunciada
El caso de Ernesto no es único. En Monterrey, otro usuario reportó cómo su Tiggo 8 Pro, el buque insignia de la marca, comenzó a incendiarse estando estacionada, apenas unas horas después de haber sido utilizada. Los bomberos llegaron a tiempo para evitar que el fuego se propagara a las casas vecinas, pero el vehículo fue pérdida total.
Aquí es donde entra la verdadera pesadilla para el consumidor de Chirey. Si el incendio es traumático, la respuesta post-venta suele ser devastadora. Los afectados relatan un calvario burocrático. Al llegar a la agencia, la primera respuesta suele ser el escepticismo. «¿Qué le instaló usted?», preguntan los asesores, buscando culpar a un accesorio externo o a una mala manipulación del usuario para invalidar la garantía.
La Chirey que brilla en los anuncios de televisión contrasta con la realidad operativa de sus talleres. Las investigaciones periciales, cuando las hay, demoran meses. Mientras tanto, el usuario se queda sin auto, pagando una mensualidad a la financiera y con el miedo latente de que, si la marca no reconoce el fallo de fábrica, el seguro tampoco quiera cubrir el siniestro bajo cláusulas de «vicio oculto».

¿Falla de diseño o control de calidad?
Expertos en mecánica automotriz consultados por Solo Opiniones sugieren que el problema podría radicar en los sistemas eléctricos sobrecargados de estos vehículos. Chirey apuesta mucho por la electrónica: pantallas gigantes, asistencias a la conducción, cámaras 360 y tableros digitales. Todo esto demanda un sistema de cableado y gestión de energía impecable.
«Cuando traes vehículos de forma masiva y acelerada para ganar mercado, a veces los procesos de tropicalización no son suficientes», comenta un ingeniero automotriz que prefirió el anonimato. «Las condiciones de manejo en México, el calor, el tráfico y la calidad del combustible son factores que estresan los componentes. Si hay un arnés mal aislado o un módulo de control defectuoso, el riesgo de corto circuito es alto».
Para Chirey, admitir un error de diseño implicaría un recall (llamado a revisión) masivo, una operación costosa que mancharía su imagen de fiabilidad. Hasta ahora, la estrategia parece ser atender los casos uno a uno, intentando contener la viralidad mediante acuerdos de confidencialidad o reparaciones largas, pero el fuego es difícil de ocultar.
La Profeco y el vacío legal
¿Dónde está la autoridad? La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) ha comenzado a recibir un volumen creciente de quejas contra Chirey. Sin embargo, los procesos colectivos son lentos. Mientras en países como Estados Unidos un reporte de incendio activa investigaciones federales inmediatas de seguridad en carreteras, en México la carga de la prueba suele recaer en el ciudadano.
Los usuarios se sienten desprotegidos. Comprar un auto nuevo debería ser sinónimo de tranquilidad, de años sin visitar el taller más que para el cambio de aceite. Con Chirey, para muchos, se ha convertido en una ruleta rusa. La falta de refacciones es otro clavo en el ataúd de la confianza: si tu auto no se incendia, pero choca o se descompone una pieza, puedes esperar tres, cuatro o hasta seis meses por un repuesto que viene en barco desde China.
El veredicto de las redes: «Lo barato sale caro»
En TikTok, los videos bajo el hashtag de la marca acumulan millones de vistas. Ya no son solo reviews pagados por influencers de estilo de vida. Ahora son videos temblorosos grabados con celulares a la orilla de la carretera, mostrando cofres humeantes. La reputación de Chirey se está forjando ahora bajo la narrativa del «peligro inminente».
La comunidad de usuarios ha comenzado a organizarse. Se comparten consejos legales, formatos de demanda y, sobre todo, advertencias: «Revisa tus mangueras de gasolina», «checa si huele a quemado al encender el aire». Es una comunidad de sobrevivencia, no de disfrute automotriz.
Para una marca que busca establecerse a largo plazo, perder la confianza en el pilar de la seguridad es letal. Puedes perdonar un plástico que rechina o una pantalla que se traba, pero no perdonas un auto que pone en riesgo la vida de tu familia.
Conclusión: ¿Vale la pena el riesgo?
La expansión agresiva de Chirey en México es un caso de estudio de marketing, pero su gestión de crisis y control de calidad se está convirtiendo en un manual de lo que no se debe hacer. Los incendios repentinos son el síntoma más alarmante de una enfermedad mayor: la falta de infraestructura de soporte y la duda razonable sobre la calidad de manufactura.
Hoy, la recomendación en los foros especializados es de cautela extrema. Antes de firmar ese contrato por una SUV que luce espectacular en la sala de exhibición, vale la pena mirar más allá del brillo de la pintura y preguntar a quienes ya la manejan. Porque en el caso de Chirey, donde hubo humo, lamentablemente, parece que sí hay fuego.
La moneda está en el aire. ¿Reaccionará la marca con la responsabilidad que el mercado exige, o seguirá apostando a que la publicidad tape el olor a quemado? Por ahora, los usuarios manejan con un ojo en el camino y otro en el indicador de temperatura, esperando no ser los protagonistas del próximo video viral.








