Por Redacción | Jueves 5 de febrero de 2026, 14:30 h.
El Teatro de la República en Querétaro tiene memoria. Sus muros de ladrillo y terciopelo han escuchado el fin de imperios y el nacimiento de leyes que cambiaron el destino de millones. Pero lo que resonó esta mañana en su interior no fue solo un discurso de conmemoración; fue un grito de guerra diplomática y dignidad nacional. Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer en encabezar los destinos de la nación, se paró frente a la historia y trazó una línea de fuego con cuatro negativas que retumbarán por mucho tiempo en Washington y en el mundo: «México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende».
En el marco del 109 Aniversario de la Constitución de 1917, la atmósfera no era de fiesta, sino de solemnidad blindada. Con los tres poderes de la Unión reunidos y bajo la mirada atenta de gobernadores de todos los colores políticos, Claudia Sheinbaum transformó el protocolo en un acto de afirmación soberana. No hubo titubeos. Ante las presiones externas que han marcado el inicio de este 2026, la Presidenta dejó claro que la Constitución no es papel mojado, sino el escudo impenetrable de la patria.
El regreso del orgullo nacional
Cuando Claudia Sheinbaum subió al estrado, el recinto guardó un silencio expectante. No era una mañanera más. Era la Jefa de Estado hablando desde la cuna del constitucionalismo social. Su voz, firme y pausada, comenzó reivindicando el origen del movimiento que encabeza. Habló de un «Humanismo Mexicano» que no pide permiso para existir, que se nutre de la raíz indígena y de la historia fecunda de un pueblo que ha sabido resistir invasiones y despojos.
«Recuperamos el sentido social de la Carta Magna», afirmó Claudia Sheinbaum, defendiendo con vehemencia las 22 reformas aprobadas entre 2024 y 2025. Para la mandataria, estos cambios —incluida la polémica reforma al Poder Judicial y la recuperación de empresas estratégicas— no son caprichos políticos, sino la restauración del espíritu original de 1917. Un espíritu que, según sus palabras, había sido secuestrado por el neoliberalismo para convertir derechos en mercancías.
Pero el clímax llegó cuando tocó el tema de la política exterior. Sin mencionar nombres, pero con destinatarios claros al norte del Río Bravo, Claudia Sheinbaum elevó el tono. Recordó que México es una nación libre, independiente y soberana. «Nunca más seremos colonia ni protectorado de nadie», sentenció. Fue en ese instante donde la figura presidencial pareció crecer, arropada por el peso de la historia, para lanzar su advertencia cuádruple: ante la amenaza, dignidad; ante la soberbia, resistencia.
Un cierre de filas inesperado
La fuerza del mensaje de Claudia Sheinbaum logró algo que parecía imposible en la polarizada política mexicana: la unidad. El gobernador de Querétaro, el panista Mauricio Kuri González, anfitrión del evento, no dudó en sumar su voz a la defensa de la nación. En un gesto de madurez política que sorprendió a propios y extraños, Kuri miró a la Presidenta y le dijo: «Usted no está sola, cuente con nosotros. Lleve firme el timón que juntos vamos a superar la tempestad».
Este respaldo no es menor. Significa que, cuando se trata de la soberanía, las banderas partidistas se arriaron para izar una sola: la tricolor. Claudia Sheinbaum asintió ante el gesto, consciente de que la fortaleza de su posición internacional depende de la cohesión interna. Ver a un gobernador de oposición cerrar filas con el Ejecutivo Federal ante «dictados extranjeros» es una señal poderosa de que el país entiende la gravedad del momento histórico.
Mujeres haciendo historia
La jornada también tuvo otro tinte histórico indeleble. Por primera vez en 109 años, la ceremonia fue presidida mayoritariamente por mujeres. Claudia Sheinbaum en el Ejecutivo, Kenia López Rabadán en la Cámara de Diputados y Laura Itzel Castillo en el Senado. La imagen es potente: la República ya no es un club de hombres.
Sin embargo, el tono de las intervenciones varió. Mientras la Presidenta defendía la transformación radical de las instituciones, la panista López Rabadán lanzó críticas sutiles pero firmes, recordando que la Constitución debe «materializarse» en seguridad y salud para la gente, y no quedarse en retórica. Aún así, incluso en el disenso, hubo respeto institucional. Claudia Sheinbaum escuchó, pero no cedió ni un milímetro en su visión de Estado. Para ella, la mejor forma de honrar la Constitución es aplicándola para el bienestar del pueblo, y eso implica no ceder ante intereses fácticos, ni nacionales ni extranjeros.
La Constitución como arma y escudo
En su discurso, Claudia Sheinbaum desgranó cómo las reformas recientes blindan los recursos naturales. El litio, el petróleo y la electricidad fueron mencionados no como commodities económicos, sino como garantes de la independencia nacional. «Los recursos de la nación son del pueblo», reiteró, mandando un mensaje directo a los mercados que especulan con la riqueza del subsuelo mexicano.
La Presidenta insistió en que la «libertad» no es la libertad del zorro en el gallinero, sino la libertad de un pueblo para decidir su destino sin injerencias. En la visión de Claudia Sheinbaum, la democracia se fortalece cuando se separa el poder político del poder económico. Este principio, dijo, es la brújula que guiará los años restantes de su sexenio.
El Teatro de la República vibró cuando la mandataria aseguró que se acabaron los tiempos de los presidentes empleados de corporaciones. La Claudia Sheinbaum que habló hoy en Querétaro no fue la candidata, ni la científica; fue la Estadista que asume el costo y la responsabilidad de defender un proyecto de nación frente a un mundo convulso y hostil.
El mensaje al mundo
Al finalizar el evento, la sensación en el ambiente era densa. No hubo los aplausos fáciles de un mitin, sino la ovación reflexiva de quienes saben que se avecinan tiempos difíciles. Claudia Sheinbaum salió del recinto caminando, saludando a la gente que se congregó afuera, en una demostración de su lema: «con el pueblo, todo».
La crónica de este 5 de febrero de 2026 quedará marcada como el día en que México trazó su línea roja. La frase «México no se vende» no fue un eslogan de campaña, fue una definición de principios. Claudia Sheinbaum ha dejado claro que su gobierno privilegiará la dignidad sobre la comodidad diplomática.
Mientras la comitiva presidencial se alejaba por las calles coloniales de Querétaro, quedaba flotando en el aire la promesa de una resistencia activa. La Constitución de 1917, nacida de la Revolución, parece haber encontrado en Claudia Sheinbaum a una intérprete dispuesta a llevar sus postulados hasta las últimas consecuencias. México está de pie, y su Presidenta ha avisado que no tiene intenciones de sentarse a esperar instrucciones de nadie.
Conclusión: La soberanía se ejerce
Lo vivido hoy en Querétaro es un recordatorio de que la política es, ante todo, el arte de los símbolos y las determinaciones. Claudia Sheinbaum ha superado la prueba del 5 de febrero con una demostración de fuerza retórica y política. Al lograr que la oposición reconozca la prioridad de la defensa nacional y al plantar cara a las presiones externas, ha consolidado su liderazgo.
La pregunta ahora es cómo reaccionarán los mercados y los vecinos del norte ante esta postura inflexible. Pero por hoy, al menos en el papel y en la voz de su máxima representante, México ha reafirmado su esencia: una nación que prefiere la incertidumbre de la libertad a la seguridad de la sumisión. Claudia Sheinbaum lo dijo claro: no se arrodilla. Y con ella, al parecer, tampoco lo hará el país.








