Saltar al contenido principal

Por Redacción | Viernes 6 de febrero de 2026, 08:30 h.

En el tablero de ajedrez de la geopolítica mundial, los movimientos se miden por décadas y los errores se pagan con irrelevancia. Marcelo Ebrard Casaubón, Secretario de Economía y una de las mentes más pragmáticas del gabinete de Claudia Sheinbaum, lo sabe perfectamente. Mientras en Querétaro se trazaban las líneas rojas de la soberanía política, en la Ciudad de México se tejía la estrategia económica para sostener esa soberanía en el siglo XXI. Con una frase que destila realpolitik pura, el canciller convertido en estratega comercial definió la postura de México ante la reconfiguración de las cadenas de suministro globales: «Si no estás en la mesa, estás en el menú».

Esta declaración, lanzada en el marco de la presentación del Plan de Acción sobre Minerales Críticos entre México y Estados Unidos, no es una ocurrencia. Es la síntesis de una doctrina de supervivencia y crecimiento. Marcelo Ebrard entiende que la batalla por el control del cobre, el litio, el níquel y las tierras raras no es una opción, es una realidad inevitable. La disyuntiva para México era simple: participar activamente en la definición de las reglas del juego en Norteamérica o ver cómo sus recursos eran codiciados y gestionados desde oficinas extranjeras sin voz ni voto.

1. La Mesa: Integración sin subordinación

El acuerdo anunciado por Marcelo Ebrard junto al subsecretario de Estado de EE.UU., Jose W. Fernandez, marca un hito en la relación bilateral. El objetivo oficial es ambicioso: asegurar que América del Norte tenga acceso confiable a los insumos necesarios para la transición energética y la industria tecnológica, reduciendo la dependencia de proveedores asiáticos (léase China).

Sin embargo, para Marcelo Ebrard, estar en la «mesa» no significa servir la cena. Significa negociar como pares. Durante el anuncio, el secretario fue enfático en que la participación de México se da bajo el estricto apego a las leyes nacionales. Esto es crucial para la narrativa de la Cuarta Transformación: el litio es de la nación (como lo marca la reforma minera), pero su explotación y cadena de valor necesitan integrarse al mercado más grande del mundo para ser rentables.

Marcelo Ebrard está operando una diplomacia de recursos. Sabe que Estados Unidos está desesperado por asegurar suministros cercanos y seguros. Esa necesidad de Washington es la palanca de negociación de México. Al sentarse en la mesa, Ebrard busca atraer inversión tecnológica, no solo extractiva. La apuesta no es exportar piedras, sino atraer fábricas de baterías, conductores y componentes electrónicos. «Estar en la mesa» es garantizar que el valor agregado se quede al sur del Río Bravo.

2. El Menú: El riesgo de la irrelevancia

La metáfora culinaria de Marcelo Ebrard encierra una advertencia sombría. ¿Qué significa «estar en el menú»? En el contexto actual de guerra comercial y reordenamiento industrial, los países que poseen recursos estratégicos pero carecen de estrategia política corren el riesgo de ser devorados. Ser el «menú» implica ser zona de extracción sin desarrollo, o peor aún, ser escenario de disputas entre potencias sin tener capacidad de veto.

Si México decidiera aislarse bajo un nacionalismo mal entendido, cerrando sus fronteras minerales, podría enfrentar presiones inmensas —arancelarias o políticas— que desestabilizarían su economía. Marcelo Ebrard lee el mapa completo: China controla hoy el procesamiento de la mayoría de los minerales críticos. Estados Unidos quiere romper ese monopolio. México está en medio, geográficamente bendecido pero políticamente expuesto.

Al impulsar este Plan de Acción, Marcelo Ebrard saca a México de la lista de «ingredientes pasivos» y lo coloca en la lista de «socios estratégicos». Es una jugada defensiva tanto como ofensiva. Evita que Estados Unidos busque alternativas en otros lugares o que incremente la presión unilateral, y al mismo tiempo, posiciona al país como el hub indispensable para la electromovilidad del futuro.

3. La Geopolítica de los semiconductores y las baterías

Detrás de la sonrisa diplomática y el apretón de manos, Marcelo Ebrard está gestionando la seguridad nacional. Los minerales críticos no son solo mercancías; son los «petróleos» del siglo XXI. Sin ellos, no hay transición energética, no hay autos eléctricos, no hay drones ni computación avanzada.

El acuerdo contempla identificar dónde están estos recursos en México, cómo extraerlos de manera sostenible y, lo más importante, cómo procesarlos aquí. Marcelo Ebrard ha insistido en que la atracción de inversiones debe venir acompañada de transferencia de tecnología. La visión es que Sonora (con el Plan Sonora), Durango y otras entidades mineras no repitan la historia de las colonias mineras del siglo XIX.

Además, el secretario adelantó que en menos de dos semanas llegará una delegación de Canadá para sumarse a este esfuerzo. Marcelo Ebrard está construyendo un bloque trilateral. Al triangular la relación, México gana margen de maniobra. Ya no es solo un «tête-à-tête» con el gigante estadounidense; es una estrategia regional donde México aporta la mano de obra joven, la posición logística y los recursos naturales.

El pragmatismo de la 4T en acción

Es interesante contrastar el tono de Marcelo Ebrard con la retórica política habitual. Mientras otros actores se envuelven en la bandera, Ebrard utiliza la bandera para negociar contratos. Su gestión en la Secretaría de Economía se ha caracterizado por este enfoque de «negocios con principios». No hay contradicción con el discurso de la Presidenta Sheinbaum sobre «no arrodillarse»; al contrario, se complementan. Porque, como bien sugiere Ebrard, solo se puede negociar de pie si se tiene algo que el otro necesita y se sabe cuánto vale.

La revisión del T-MEC en 2026 es la tormenta que se avecina en el horizonte. Este acuerdo sobre minerales críticos funciona como un pararrayos anticipado. Marcelo Ebrard está creando interdependencias que harán mucho más difícil para cualquier administración en Washington (incluso una hostil como la de Trump) romper lazos comerciales con México sin darse un tiro en el pie.

Conclusión: El Chef Ebrard y la receta del futuro

La frase se volverá icónica en los pasillos del poder. «Si no estás en la mesa, estás en el menú». Marcelo Ebrard ha decidido que México tiene hambre de futuro, no vocación de sacrificio.

El éxito de este plan dependerá de la letra chiquita y de la capacidad de ejecución del Estado mexicano. ¿Podrá LitioMx y el sector privado nacional estar a la altura del desafío técnico? Esa es la incógnita. Pero por lo pronto, la estrategia política es clara.

Marcelo Ebrard continúa demostrando por qué es una pieza insustituible en el engranaje gubernamental. Con una mano sostiene la Constitución y con la otra firma acuerdos de alta tecnología. En un mundo que se divide en bloques, México ha elegido su silla. No es la silla del espectador, ni la del subordinado; es la silla del socio indispensable. Y mientras Ebrard siga cocinando la estrategia, parece que México no será devorado tan fácilmente.

Marcelo Ebrard
Marcelo Ebrard: 3 Razones para estar en la "mesa" de los minerales críticos 2

Deja una respuesta