Por Redacción | Viernes 13 de febrero de 2026, 14:30 h.
La política en Jalisco se ha teñido de luto y consternación este viernes. Lo que comenzó como un reporte confuso sobre el hallazgo de un vehículo en una brecha, ha terminado por confirmar los peores temores de la comunidad de Manzanilla de la Paz. Blanca Estela Álvarez Chávez, regidora de Movimiento Ciudadano (MC) y figura activa en la vida pública del municipio, fue encontrada sin vida en circunstancias que han encendido las alarmas de los protocolos de feminicidio en el estado.
La noticia ha caído como un balde de agua fría no solo por la pérdida de una servidora pública, sino por la brutalidad revelada en las últimas horas por la Fiscalía del Estado, encabezada por Salvador González de los Santos. A medida que la información fluye, la indignación crece. Blanca Estela Álvarez Chávez no falleció por causas naturales ni en un accidente, como algunos rumores preliminares sugerían; fue víctima de una violencia directa y cruel.
En esta crónica, desglosamos los tres datos fundamentales que han surgido tras la necropsia y las primeras investigaciones, arrojando luz sobre un caso que exige justicia inmediata y que pone, una vez más, el foco en la seguridad de las mujeres que ejercen cargos públicos en México.
1. La terrible discrepancia: Estrangulamiento confirmado
El primer dato, y quizás el más impactante, es la contradicción entre el hallazgo inicial y el dictamen forense. En las primeras horas de la mañana, tanto el Gobernador Pablo Lemus como las autoridades locales habían manejado con cautela la información, señalando que el cuerpo de Blanca Estela Álvarez Chávez «no mostraba huellas de violencia visibles» a simple vista. Esta versión preliminar dio, por un breve momento, una falsa esperanza de que no se tratara de un crimen doloso.
Sin embargo, la realidad forense fue devastadora. La Fiscalía de Jalisco confirmó, pasado el mediodía, que la causa de muerte fue asfixia mecánica por estrangulamiento. Pero el horror no terminó ahí. El reporte oficial detalla que el cuerpo de la regidora presentaba marcas de agujas (pinchazos), un indicio que sugiere que pudo haber sido sometida o torturada de alguna forma antes de su deceso. Este giro en la investigación ha obligado a la Vicefiscalía Regional a reclasificar el caso inmediatamente bajo el protocolo de feminicidio. La muerte de Blanca Estela Álvarez Chávez no fue fortuita; fue una ejecución que buscaba no solo terminar con su vida, sino enviar un mensaje o causar sufrimiento.
2. La escena del hallazgo: Una brecha en el silencio
El segundo punto clave para entender la cronología de este crimen es el lugar y la forma en que fue encontrada. Blanca Estela Álvarez Chávez yacía al interior de su propia camioneta, abandonada en una brecha de terracería cerca de la comunidad de San José de Gracia, en el municipio vecino de Teocuitatlán de Corona.
El aislamiento del lugar complicó el hallazgo inmediato y sugiere premeditación por parte de los agresores. No fue un crimen en la vía pública a la vista de testigos; fue un acto perpetrado en la soledad de los caminos rurales que conectan estas comunidades de la sierra de Jalisco. Según los reportes policiales, sus pertenencias se encontraban con ella, lo que inicialmente despistó a los investigadores sobre el móvil del robo, apuntando ahora hacia un ataque directo contra su persona. La imagen de la camioneta sola en el camino de tierra se ha convertido hoy en el símbolo de la vulnerabilidad con la que operan muchos funcionarios en las regiones apartadas del área metropolitana. Para los habitantes de Manzanilla de la Paz, saber que Blanca Estela Álvarez Chávez fue dejada ahí, en medio de la nada, ha generado un sentimiento de indefensión colectiva.

3. El vacío político y social que deja
Más allá de la nota roja, es vital recordar quién era la víctima. Blanca Estela Álvarez Chávez no era una figura decorativa en el ayuntamiento. Como regidora de Movimiento Ciudadano, presidía comisiones vitales para el ordenamiento municipal: Vialidad, Tránsito y Cementerios. Además, su voz pesaba en las comisiones de Igualdad de Género y Medio Ambiente, donde fungía como vocal.
Su perfil político era ascendente; había sido candidata a la Presidencia Municipal de Manzanilla de la Paz, lo que demuestra que era una mujer con aspiraciones, liderazgo y capital político propio. Su asesinato descabeza proyectos locales y deja un hueco en la representación de su partido en la región. La comunidad la recuerda como una mujer trabajadora, enfocada en mejorar los servicios públicos y en la defensa de los derechos de las mujeres, una ironía dolorosa dado el modo en que le arrebataron la vida. El asesinato de Blanca Estela Álvarez Chávez no es solo un ataque a una persona, es un golpe a la estructura democrática de un municipio que hoy exige respuestas claras al gobierno estatal.
Conclusión: Un crimen que no puede quedar impune
A medida que cae la tarde de este viernes 13, la exigencia es una sola: justicia. La carpeta de investigación ya está abierta, y la presión sobre el Fiscal Salvador González de los Santos y el Gobernador Lemus es máxima. No basta con confirmar la causa de muerte; es imperativo dar con los responsables materiales e intelectuales.
El caso de Blanca Estela Álvarez Chávez se suma a una lista dolorosa de violencia política y de género que Jalisco lucha por erradicar. La brutalidad de los hechos —el estrangulamiento y las marcas de agujas— habla de un odio que no puede tener cabida en nuestra sociedad. Hoy, el nombre de Blanca Estela Álvarez Chávez se escribe en los titulares, no por sus iniciativas o su gestión, como debería haber sido, sino como víctima de un sistema que aún falla en proteger a sus mujeres líderes.
Desde este espacio, nos sumamos al reclamo de su familia, su partido y sus conciudadanos. Que la verdad salga a la luz y que el peso de la ley caiga sobre quienes decidieron apagar la voz de una servidora pública. Descanse en paz.








