Por Redacción | 11 de enero de 2026 | 12:45 hrs
En los pasillos de Palacio Nacional, en las residencias de los gobernadores y en las oficinas de alta seguridad de la Ciudad de México, se toman decisiones que afectan a millones de personas. La lógica dictaría que estas decisiones se basan en estadísticas, encuestas y análisis de riesgo. Sin embargo, la historia política de nuestro país tiene un sótano oscuro, un «gabinete en las sombras» donde la racionalidad cede su lugar al incienso, los amuletos y las cartas astrales. Nos referimos a los Brujos del Poder, figuras enigmáticas que han susurrado al oído de los líderes mexicanos desde tiempos de la Revolución hasta este 2026.
México es un país surrealista, y su clase política es el reflejo más fiel de ese sincretismo mágico. Detrás de la banda presidencial o del bastón de mando, a menudo hay un amuleto de protección, una «limpia» hecha en Catemaco o una consulta de santería. En esta crónica, descorremos el velo para entender quiénes son los Brujos del Poder y por qué, en plena era de la Inteligencia Artificial, los políticos siguen buscando respuestas en lo sobrenatural.
1. El origen histórico: De Madero a la «Espiritista» de Calles
Para entender el fenómeno de los Brujos del Poder, hay que mirar atrás. No es una moda pasajera; es una tradición fundacional. El caso más documentado y quizás el más noble es el de Francisco I. Madero. El «Apóstol de la Democracia» era un ferviente espiritista. Sus decisiones no solo consultaban a su gabinete terrenal, sino a los espíritus que, según él, le dictaban el camino a seguir para liberar a México.
Sin embargo, conforme avanzó el siglo XX, la práctica se tornó más oscura. Plutarco Elías Calles, el «Jefe Máximo» y fundador de las instituciones modernas (y ateo declarado en público), sucumbió en privado a las sesiones curativas del «Niño Fidencio». Desde entonces, la figura de los Brujos del Poder se institucionalizó silenciosamente. Ya no se trataba solo de fe, sino de una herramienta para conservar el mando, destruir enemigos y blindarse contra la «mala vibra» de la oposición.
2. La era del PRI y el «Gabinete Esotérico»
Durante las décadas de hegemonía priista, la brujería dejó de ser un secreto a voces para convertirse en un protocolo no escrito. Investigaciones periodísticas clásicas, como las del autor José Gil Olmos, documentaron cómo figuras de la talla de Elba Esther Gordillo recurrieron a los Brujos del Poder de manera sistemática.
Se cuenta —y los testimonios abundan— que la poderosa líder sindical viajó a África para realizar rituales de protección extrema, que incluían sacrificios animales, para evitar que sus enemigos políticos la derrocaran (algo que funcionó durante sexenios, hasta su eventual caída). En este periodo, los Brujos del Poder cobraban facturas millonarias, no por predecir el futuro, sino por «trabajar» a los rivales. Presidentes como Salinas de Gortari o López Portillo no fueron ajenos a la fascinación por lo oculto, contratando chamanes para «limpiar» la residencia oficial de Los Pinos de las energías de sus antecesores.
3. La alternancia y la brujería en el Siglo XXI
Con la llegada del PAN en el año 2000, muchos pensaron que la superstición saldría de la casa presidencial. Nada más lejos de la realidad. La transición trajo consigo a sus propios Brujos del Poder. Marta Sahagún, Primera Dama en el sexenio de Vicente Fox, fue señalada en múltiples crónicas por su presunta dependencia de adivinos y por el uso de pócimas y «amarres» para influir en el carácter y las decisiones de su esposo.
Aquí el fenómeno de los Brujos del Poder mutó. Ya no eran solo los curanderos tradicionales de los pueblos; ahora eran «bioenergéticos», astrólogos de alta sociedad y lectores de tarot que cobraban en dólares y entraban por la puerta grande. La inseguridad emocional que provoca la soledad del poder hace que los mandatarios busquen certezas donde la política no puede darlas. Un secretario de Estado puede traicionarte, piensan ellos, pero un brujo «bien pagado» te ofrece lealtad espiritual.

4. Catemaco: La verdadera capital política
Si Washington es la capital política de Estados Unidos, Catemaco, en Veracruz, es la capital espiritual de la política mexicana. Cada año, especialmente en el primer viernes de marzo, desfilan por ahí camionetas blindadas con vidrios polarizados. De ellas descienden diputados, senadores, gobernadores y aspirantes presidenciales que van a rendir pleitesía a los Brujos del Poder.
En este 2026, la tradición continúa vigente. Los «Brujos Mayores» de la región confirman, siempre bajo anonimato, que sus principales clientes son la clase gobernante. Piden tres cosas fundamentales: protección contra la cárcel, triunfo en las elecciones y enfermedad para sus contrincantes. Los Brujos del Poder en Catemaco son, en la práctica, consultores electorales que no usan encuestas, sino hierbas, veladoras negras y sacrificios de gallinas. Es la «realpolitik» llevada al terreno de lo irracional.
5. ¿Por qué los políticos buscan a los brujos? (Psicología del Poder)
El fenómeno de los Brujos del Poder tiene una explicación psicológica profunda. El poder en México es efímero, peligroso y altamente estresante. El político vive en una paranoia constante: miedo a ser grabado, miedo a ser traicionado, miedo a perder el presupuesto.
Ante esta incertidumbre radical, la magia ofrece una ilusión de control. Los Brujos del Poder funcionan como terapeutas que validan los miedos del gobernante y le ofrecen una solución rápida y mágica. «Ponte este listón rojo y no te tocarán», «Báñate con estas hierbas y el escándalo de corrupción desaparecerá». Para una mente sometida a presión extrema, estas soluciones son un bálsamo irresistible. Además, en la cultura mexicana, el pensamiento mágico es transversal; no importa si tienes un doctorado en Harvard o en el ITAM, cuando la crisis golpea, el instinto de buscar ayuda sobrenatural prevalece.
6. Los riesgos de gobernar con magia
El peligro real de los Brujos del Poder no es si la magia funciona o no. El peligro es que decisiones de Estado, que afectan la economía, la seguridad y la salud pública, puedan estar influenciadas por la lectura de unos caracoles o la posición de los astros.
Existen anécdotas aterradoras de funcionarios de seguridad pública que, antes de lanzar un operativo contra el crimen organizado, consultaban a sus videntes para saber si era «buen día». Si los Brujos del Poder decían que no, el operativo se cancelaba, dando ventaja a los delincuentes. Esta injerencia de lo esotérico en la administración pública es un factor de riesgo nacional que rara vez se discute en las mesas de análisis serias.
7. El presente: La magia en la era digital
Hoy, domingo 11 de enero de 2026, los Brujos del Poder se han modernizado. Ya no solo operan en consultorios oscuros; envían sus predicciones por WhatsApp encriptado y aceptan pagos en criptomonedas. Pero la esencia es la misma.
Se rumora que en los gobiernos locales actuales, la santería ha ganado terreno sobre el chamanismo tradicional. Los collares de cuentas verdes y amarillas (Orula) se asoman discretamente bajo las camisas de marca de muchos funcionarios jóvenes. Los Brujos del Poder siguen ahí, cobrando del erario de formas indirectas (asesorías fantasmas, donaciones), manteniendo su rol como los verdaderos confidentes del sistema.
Conclusión: El gabinete invisible
México no se puede explicar solo a través de sus leyes y sus instituciones. Hay que mirar las sombras. Los Brujos del Poder son síntoma de un sistema político que, en el fondo, sigue siendo profundamente supersticioso y personalista.
Mientras la inseguridad y la incertidumbre política sigan reinando, habrá un gobernador o un presidente dispuesto a pagar lo que sea por un amuleto que le garantice terminar su sexenio con vida y con poder. Los brujos lo saben, y por eso, son los únicos empleados del gobierno que nunca son despedidos, sin importar quién gane las elecciones.







