Por Redacción | 05 de enero de 2026 | 18:00 hrs
El inicio de 2026 marca un antes y un después en la narrativa de la Fórmula 1. Tras años de diplomacia corporativa, sonrisas forzadas ante las cámaras y respuestas prefabricadas por los jefes de prensa, Checo Pérez ha decidido que es momento de contar su verdad. El piloto más exitoso en la historia de México ha ofrecido una perspectiva inédita y desgarradora sobre lo que realmente significó ocupar el asiento más caliente de la parrilla: el segundo coche de Red Bull Racing.
Lo que para el mundo exterior parecía el trabajo soñado —conducir el auto más dominante de la era—, para Checo Pérez se convirtió en una prueba de resistencia mental y emocional que rozó el límite de lo humano. En una retrospectiva honesta, el tapatío desmantela el mito de la «gran familia» de Milton Keynes y expone las cicatrices de una etapa que define como gloriosa en resultados, pero «tortuosa» en el día a día.
A continuación, analizamos los 5 puntos clave donde Checo Pérez expone la realidad de su estancia en el equipo de las bebidas energéticas.
1. La soledad del garaje y el «Coche de Uno»
La primera gran confesión aborda el elefante en la habitación: el desarrollo del monoplaza. Durante años, los críticos señalaron que Checo Pérez no lograba adaptarse a las actualizaciones del auto, pero la realidad era mucho más sistémica. El mexicano ha dejado entrever que la dirección técnica no buscaba hacer el auto más rápido para ambos, sino más cómodo para uno solo: Max Verstappen.
«Llegas a un punto donde el auto ya no te habla, te grita en contra», ha reflexionado el piloto. Checo Pérez tuvo que luchar contra una ingeniería que, actualización tras actualización, se alejaba de su estilo de conducción natural (cuidar neumáticos, tren trasero estable) para favorecer una nariz agresiva que solo el neerlandés podía domar. Esta disparidad técnica no fue un accidente, fue una política de equipo. Sentirse un «piloto de pruebas» en los fines de semana de carrera, probando piezas para el beneficio del auto, fue una constante que minó su confianza clasificación tras clasificación.
2. La guerra psicológica de Helmut Marko
Si había un villano en esta película, la opinión pública siempre señaló al asesor del equipo, y Checo Pérez no lo ha desmentido. La presión ejercida por Helmut Marko trascendió lo deportivo para tocar fibras personales y, en ocasiones, culturales.
Checo Pérez describe un ambiente donde el error no se analizaba, se castigaba mediáticamente. «Despertar los lunes y leer que tu propio jefe duda de tu continuidad, incluso después de un podio, es algo para lo que nadie te prepara», confesó. La constante amenaza de ser reemplazado (por Ricciardo, por Lawson, por Tsunoda) fue una táctica de «motivación por terror» que, lejos de sacar lo mejor del mexicano, generó un estrés innecesario. Sobrevivir a Marko durante tantos años es, quizás, un logro tan grande como sus victorias en Mónaco o Singapur.
3. El mito del «Sabotaje» y las paradas en boxes
Aunque Checo Pérez es cuidadoso al no usar la palabra «sabotaje», sí señala la extraña coincidencia de los fallos operativos que siempre parecían ocurrir en su lado del garaje durante los momentos críticos de la temporada.
Estrategias de clasificación incomprensibles que lo dejaban eliminado en la Q2, paradas en boxes lentas en momentos donde se jugaba la posición, o fallos de sensores en las prácticas libres. Checo Pérez tuvo que desarrollar una piel gruesa para no caer en la paranoia. «Había días donde sentías que tenías que ganarles a los Ferrari, a los Mercedes y a tu propia estrategia», señaló. Esta sensación de estar jugando con las cartas marcadas fue uno de los aspectos más desgastantes de su paso por la escudería austriaca.

4. La prensa europea y el sesgo latino
Otro punto que Checo Pérez ha puesto sobre la mesa es el tratamiento diferenciado de la prensa internacional, alimentado muchas veces desde dentro del propio equipo. Mientras que los errores de otros pilotos se atribuían a «mala suerte» o problemas mecánicos, los errores de Checo se atribuían a falta de talento o concentración.
Checo Pérez sintió el peso de ser el único latino en la cima. «Si tienes un mal día, eres un sudamericano que no se enfoca; si lo tiene otro, es que el auto falló». Esta narrativa, permitida y a veces impulsada por la cúpula de Red Bull para justificar sus decisiones, creó una atmósfera hostil en el paddock. El mexicano tuvo que convertirse en su propio «Ministro de Defensa» no solo en la pista, sino ante los micrófonos, protegiendo su reputación semana tras semana ante un juicio sumario constante.
5. El costo familiar y la salud mental
Quizás la confesión más humana es el costo personal. Checo Pérez admite que hubo momentos, especialmente durante la crisis de rendimiento de mediados de 2024 y 2025, donde consideró colgar el casco simplemente para recuperar su paz.
Llevar la presión de Red Bull a casa afectó su dinámica familiar. «No puedes desconectar cuando tienes el peso del mundo y de un país entero esperando que hagas milagros con una herramienta que no te responde», explicó. Checo Pérez tuvo que recurrir a ayuda profesional y a un círculo íntimo blindado para no romperse. La imagen del piloto estoico ocultaba a un hombre que estaba librando batallas internas feroces para no perder la pasión por el deporte que amaba desde niño.
El legado de un guerrero
A pesar de calificar su paso como «tortuoso», Checo Pérez no se arrepiente. Y no debería. Sus números hablan por sí solos: Subcampeón del mundo, pieza clave para los Campeonatos de Constructores que Red Bull ostenta en sus vitrinas y el único compañero que logró sobrevivir a la trituradora de carne que significa estar al lado de Max Verstappen por más de tres temporadas.
La historia juzgará a Checo Pérez no por las clasificaciones fallidas, sino por la resiliencia de hierro. Fue el piloto que llegó al equipo cuando nadie más quería ese asiento, el que defendió como un león en Abu Dhabi 2021 y el que, a pesar de tener todo el sistema en contra, nunca dejó de luchar.
Hoy, fuera de esa olla de presión, Checo Pérez respira tranquilo. Su testimonio no es una queja, es la bitácora de un sobreviviente que logró salir vivo del equipo más despiadado de la Fórmula 1 moderna. Y eso, en sí mismo, es una victoria.








