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Por Redacción | Jueves 12 de febrero de 2026, 09:15 h.

En los pasillos alfombrados del centro de convenciones en Estados Unidos, entre banderas de barras y estrellas y gorras rojas con el lema MAGA, se escuchó esta semana un acento distinto, uno que cargaba con la urgencia de quien busca oxígeno fuera de casa. La CPAC (Conferencia Política de Acción Conservadora) ha dejado de ser, para los políticos mexicanos de oposición, un simple escaparate para la foto o el turismo legislativo. En este 2026, el evento se ha transformado en el epicentro de una nueva y arriesgada estrategia: la internacionalización de la resistencia política ante la aplanadora de Morena en México.

Mientras en la Cámara de Diputados y el Senado de la República la mayoría calificada del oficialismo aprueba reformas constitucionales con una facilidad pasmosa, los legisladores del PAN y del PRI han entendido una dura realidad aritmética: dentro de las fronteras nacionales, sus votos ya no son suficientes para frenar o negociar. Es bajo esta premisa de «minoría inoperante» que la asistencia a la CPAC cobra un significado mucho más profundo y pragmático. No fueron a aplaudir discursos ajenos; fueron a buscar las palancas de presión que ya no encuentran en el tablero doméstico.

Esta crónica analiza los movimientos detrás de las sonrisas y los apretones de manos con congresistas republicanos. A continuación, desglosamos las tres claves que explican por qué la CPAC se ha convertido en el último refugio para la supervivencia y reorganización de la derecha mexicana.

1. La búsqueda del «Contrapeso Externo»

La primera lectura que arroja este encuentro es la admisión tácita de una derrota interna. Al acudir a la CPAC, los legisladores mexicanos no están buscando inspiración ideológica, sino fuerza bruta diplomática. La lógica es fría: si no podemos detener una reforma en San Lázaro, buscaremos que Washington presione a través de los mecanismos del T-MEC o de la cooperación en seguridad.

Durante las mesas de trabajo de la CPAC, se observó a los diputados mexicanos entregando expedientes y narrativas a sus homólogos estadounidenses, no como pares, sino como informantes de una crisis que describen como «terminal» para la democracia. La estrategia de supervivencia radica en convertir la política interior de México en un asunto de política exterior de Estados Unidos. Al alinearse con el ala más dura del Partido Republicano, buscan activar «botones de pánico» financieros y comerciales que obliguen al gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum a sentarse a negociar, algo que, por la vía electoral y legislativa tradicional, ha dejado de ocurrir.

Sin embargo, esta táctica es un arma de doble filo. Si bien la CPAC les ofrece un micrófono potente y aliados con capacidad de daño real sobre la economía mexicana, también valida la narrativa del oficialismo que los etiqueta como «traidores» que cabildean contra su propio país. Es una apuesta de todo o nada: sacrificar la imagen nacionalista a cambio de obtener un «padrino» geopolítico que equilibre la balanza de poder.

2. La internacionalización de la «Guerra Narrativa»

El segundo dato clave de esta reorganización es el cambio en el discurso. En México, hablar de «narcoterrorismo» es un tabú político y jurídico que implica riesgos de intervención extranjera. En la CPAC, sin embargo, fue el plato fuerte del menú. Los legisladores de oposición utilizaron este foro para validar y amplificar la tesis de que el Estado mexicano está rebasado o es cómplice del crimen organizado, una música que suena celestial para los oídos de los «halcones» estadounidenses que buscan justificar medidas más agresivas en la frontera sur.

Al adoptar la retórica de la CPAC sobre seguridad fronteriza y combate a los cárteles, la oposición mexicana intenta romper el cerco mediático que, aseguran, existe en México. Buscan que los grandes medios internacionales y los think tanks de Washington repliquen la idea de que la «pacificación» de la 4T es un fracaso que amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos. Esta internacionalización del conflicto busca deslegitimar al gobierno mexicano ante los ojos del mundo occidental, presentándolo no como un gobierno de izquierda legítimo, sino como un régimen híbrido que requiere «vigilancia especial».

La CPAC sirvió así como una caja de resonancia. Lo que se dice en una curul en la Ciudad de México puede ser ignorado por la mayoría morenista; lo que se dice en un panel en Washington, respaldado por senadores estadounidenses, puede mover los mercados o generar alertas de viaje. Es la táctica del «boomerang»: lanzar el golpe en el extranjero para que regrese con fuerza al centro de la política nacional.

3. La integración a la «Internacional Conservadora»

Finalmente, la presencia en la CPAC responde a una necesidad de identidad. Ante el éxito del oficialismo mexicano para construir una narrativa histórica y popular, la oposición se había quedado huérfana de relato. La reorganización pasa por dejar de ser una «oposición reactiva» para convertirse en una sucursal de la nueva derecha global.

Así como la izquierda latinoamericana tiene el Foro de São Paulo o el Grupo de Puebla para compartir estrategias y darse legitimidad mutua, la CPAC ofrece a la derecha mexicana un manual de operaciones probado. Figuras como Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador o el propio Donald Trump, han demostrado que se puede regresar al poder o mantenerlo con discursos disruptivos, confrontativos y sin complejos.

Los legisladores mexicanos fueron a la CPAC a tomar nota. Buscan importar el estilo de hacer política que polariza y moviliza bases a través del miedo y la identidad cultural. Ya no se trata solo de defender el libre mercado o las instituciones tradicionales; se trata de una «guerra cultural» contra el progresismo. Esta alineación ideológica busca conectar con un electorado mexicano desencantado, ofreciéndoles no propuestas técnicas, sino una pertenencia a un movimiento global de resistencia.

Conclusión: El riesgo de la dependencia

La CPAC 2026 no fue un evento más en la agenda; fue la formalización de que la política mexicana se jugará cada vez más fuera de México. La oposición ha decidido que su supervivencia depende de su capacidad para ser útiles a los intereses conservadores del norte.

Sin embargo, en esta estrategia de reorganización, existe un peligro latente. Al atar su destino a la CPAC y a los intereses de una potencia extranjera, la oposición corre el riesgo de desconectarse definitivamente del sentimiento nacional. ¿Puede un proyecto político triunfar en México cuando sus líneas discursivas se redactan en inglés? Esa es la pregunta que queda en el aire.

Por ahora, lo único seguro es que la CPAC ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en el cuartel general de una oposición que, al sentirse asfixiada en casa, ha decidido abrir las ventanas del norte, sin importar qué tipo de tormenta entre por ellas.

CPAC 2026
CPAC 2026: 3 Claves de la supervivencia política de la oposición mexicana 2

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