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Por Redacción | Miércoles 11 de febrero de 2026, 12:30 h.

En una era saturada de dramas oscuros, thrillers psicológicos y documentales de crímenes reales que nos dejan con un nudo en el estómago, encontrar una serie que genuinamente nos haga sonreír se siente como un hallazgo arqueológico. La televisión necesitaba un respiro, un lugar seguro donde la muerte no fuera el final trágico, sino el comienzo de una amistad absurda y entrañable. Es aquí donde entra Fantasmas (Ghosts en su título original), la adaptación estadounidense de la exitosa serie británica que ha logrado lo imposible: superar las expectativas y construir su propia identidad con un corazón enorme y un humor a prueba de balas.

Si aún no te has sumergido en los pasillos de la Mansión Woodstone, te estás perdiendo una de las joyas más brillantes de la comedia actual. La premisa es sencilla pero efectiva: una pareja joven y optimista, Samantha y Jay, hereda una inmensa propiedad en el campo que planean convertir en un hotel. Lo que no saben es que la casa ya está habitada por un grupo ecléctico de difuntos de diferentes épocas históricas. Tras un accidente casi fatal, Samantha adquiere la habilidad de ver y escuchar a estos fantasmas, desatando una convivencia caótica que redefine el concepto de «compañeros de cuarto».

A continuación, desglosamos las siete razones por las que esta serie no es solo una comedia más, sino un fenómeno televisivo que ha sabido ganarse el cariño del público global.

1. Un choque cultural a través de los siglos

El mayor acierto de la serie es su elenco de personajes espectrales. Imagina una reunión de consorcio donde los vecinos son un vikingo del siglo XI, un oficial de la Guerra de Independencia, una cantante de jazz de los años 20, una hippie de los 60 y un corredor de bolsa de los 90 que murió sin pantalones. Fantasmas utiliza este crisol de personalidades para generar situaciones hilarantes basadas en el choque generacional extremo. Ver a Thorfinn, el vikingo, intentar entender cómo funciona la televisión, o a Isaac, el soldado revolucionario, ofenderse por la existencia del musical «Hamilton», es oro puro en términos de guion.

2. La dinámica «Sam y Jay»

A diferencia de muchas sitcoms que basan su humor en la disfunción matrimonial o el odio mutuo, Samantha y Jay son una pareja que realmente se ama y se apoya. Jay, interpretado magistralmente por Utkarsh Ambudkar, tiene el papel más difícil: interactuar con personajes que no puede ver. Su aceptación incondicional de la nueva realidad de su esposa y sus intentos por hacerse amigo de los fantasmas (a quienes solo conoce por las descripciones de Sam) añaden una capa de ternura y complicidad que sostiene la trama. Es una carta de amor a la paciencia y al trabajo en equipo en el matrimonio.

3. Trevor: El «Bro» con corazón

Entre todos los espíritus, Trevor podría haber sido el más odioso. Representa todo lo que estaba mal en la cultura corporativa de Wall Street a finales de los 90: fiestero, superficial y obsesionado con el estatus. Sin embargo, la serie hace un trabajo fenomenal al humanizarlo (o «espiritualizarlo»). A medida que avanzan los episodios, descubrimos que debajo de esa fachada de «tiburón financiero» sin pantalones, hay una lealtad inquebrantable hacia su nueva familia. Los fantasmas de Woodstone no son caricaturas planas; tienen arcos de redención que nos hacen empatizar incluso con aquellos que, en vida, quizás no habríamos tolerado.

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4. Alberta y el misterio del asesinato

Para mantener el interés más allá de los chistes cotidianos, la serie teje misterios sutiles sobre cómo murieron sus protagonistas. El arco de Alberta, la diva del jazz de la era de la Ley Seca, es particularmente fascinante. Convencida de que fue asesinada y no víctima de un infarto como dice la historia oficial, su búsqueda de la verdad involucra a Sam en una investigación tipo true crime pero con toques sobrenaturales. Fantasmas equilibra perfectamente la comedia de situación con estos pequeños enigmas que invitan al espectador a teorizar y prestar atención a los detalles del pasado.

5. Isaac Higgintoot y la historia no contada

Uno de los personajes más queridos es Isaac, el oficial estadounidense que murió de disentería y que vive con un eterno complejo de inferioridad frente a figuras históricas más famosas. A través de él, la serie explora temas de identidad y orgullo con una sensibilidad sorprendente. Su lenta y conmovedora salida del armario, apoyada por sus compañeros fantasmas siglos después de su muerte, es uno de los arcos narrativos más dulces y respetuosos de la televisión reciente. Nos recuerda que nunca es tarde para aceptarse a uno mismo, incluso si técnicamente ya has dejado de existir.

6. El poder de la amistad improbable

Al final del día, la mansión Woodstone es una prisión de la que no pueden escapar. Están obligados a convivir por la eternidad. Esta premisa forzada se transforma en una lección sobre la tolerancia. Personas (o entes) que jamás se habrían dirigido la palabra en vida, terminan convirtiéndose en familia. La hippie Flower y el militar estricto, o el nativo americano Sasappis y la señora de sociedad Hetty, encuentran puntos en común. Fantasmas nos enseña que la convivencia es posible si estamos dispuestos a escuchar las historias de los demás, sin importar de qué siglo provengan.

7. Humor inteligente sin cinismo

Vivimos tiempos cínicos, pero esta serie elige el camino del optimismo. No se burla de la muerte, sino que la utiliza para celebrar la vida. Los chistes no son crueles; son observacionales y absurdos. La comedia física, especialmente cuando los fantasmas intentan usar sus «poderes» limitados (como mover una taza con un esfuerzo sobrehumano o oler cosas cuando alguien pasa a través de ellos), está ejecutada con una precisión técnica envidiable. Es un humor blanco pero inteligente, apto para casi toda la familia, algo raro en las plataformas de streaming actuales.

Conclusión: Una cita obligada

Si buscas una serie que te abrace al final de un día largo, Fantasmas es la respuesta. No necesita efectos especiales millonarios ni tramas enredadas para atraparte; solo necesita un guion brillante y un elenco con una química innegable.

La serie nos invita a reflexionar sobre nuestro legado, sobre lo que dejamos atrás y sobre cómo nuestras acciones resuenan en el futuro. Pero, sobre todo, nos invita a reírnos de lo absurdo que es la existencia humana (y la post-humana). Así que, si escuchas un ruido extraño en la otra habitación, no te asustes; tal vez solo sean tus propios fantasmas intentando cambiar el canal de la televisión porque no les gusta lo que estás viendo. Dale una oportunidad a Sam y Jay, y prepárate para encariñarte con los muertos más vivos de la pantalla chica.

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