Por Redacción | Miércoles 4 de febrero de 2026, 19:45 h.
En tiempos donde los tambores de guerra resuenan en el escenario internacional y las declaraciones desde el norte intentan marcar la agenda, la respuesta de México no ha sido el silencio, sino la organización popular. Este martes, el corazón de Azcapotzalco latió con una fuerza distinta. No fue un mitin de campaña ni un acto burocrático; fue una demostración de músculo cívico encabezada por la diputada federal Gabriela Jiménez Godoy, quien reunió a cientos de ciudadanos en la «Asamblea por la Paz y en Defensa de la Soberanía Nacional».
Bajo un cielo despejado en la Ciudad de México, la explanada se convirtió en el epicentro de un mensaje claro que viaja desde lo local hasta las altas esferas de la diplomacia: la dignidad nacional es innegociable. Gabriela Jiménez, vicecoordinadora del Grupo Parlamentario de Morena, tomó el micrófono no solo como legisladora, sino como la voz articuladora de un movimiento que cierra filas en torno a la Presidenta Claudia Sheinbaum y al proyecto de nación.
1. La respuesta política ante la amenaza externa
El evento no ocurre en el vacío. La coyuntura geopolítica actual, marcada por retóricas agresivas sobre intervencionismo y seguridad fronteriza, exige posturas firmes. Gabriela Jiménez lo entiende a la perfección. Durante su intervención, su discurso se alejó de la confrontación estéril para centrarse en la reivindicación histórica.
«México se respeta», fue la frase que resonó y se multiplicó en las gargantas de los asistentes. Para Gabriela Jiménez, defender la soberanía en 2026 no significa aislarse del mundo, sino pararse frente a él con la frente en alto. La legisladora subrayó que la paz es fruto de la justicia y del respeto mutuo entre naciones, rechazando cualquier intento de injerencia que vulnere la autodeterminación del pueblo mexicano.
Esta asamblea en Azcapotzalco funciona como un contrapeso simbólico y político. Mientras en otros lugares se habla de muros y flotas, aquí Gabriela Jiménez habla de puentes y dignidad. La narrativa es potente: frente a la imposición, la razón; frente a la amenaza, la unidad del pueblo.
2. Azcapotzalco: Bastión de la defensa nacional
La elección de la sede no es casualidad. Azcapotzalco, con su profunda raíz histórica y obrera, representa el espíritu de resistencia y trabajo de la capital. Gabriela Jiménez ha consolidado en esta alcaldía un liderazgo territorial innegable. Al convocar a esta Asamblea por la Paz, la diputada demuestra su capacidad de movilización orgánica.
No se vieron acarreados, se vieron convicciones. Vecinos, líderes comunitarios, jóvenes y adultos mayores acudieron al llamado de Gabriela Jiménez porque entienden que la política exterior también se defiende desde la plaza pública. La diputada ha logrado traducir conceptos abstractos como «soberanía energética» o «autodeterminación» en causas cotidianas que la gente hace suyas.
En el templete, rodeada de banderas tricolores que ondeaban con el viento de la tarde, Gabriela Jiménez afirmó que la defensa de la patria comienza en cada barrio, en la conciencia de cada ciudadano que ama a su país. «No somos el patio trasero de nadie, somos una nación soberana con historia y futuro», sentenció, arrancando los aplausos de una multitud que ve en ella a una referente de la izquierda moderna.

3. Unidad en torno al Proyecto de Nación
El tercer eje fundamental de esta asamblea fue la unidad interna. Gabriela Jiménez aprovechó el espacio para reafirmar el respaldo total a la estrategia de estado que lidera la Presidenta de la República. En momentos de tensión, la cohesión es la mejor defensa.
La vicecoordinadora de Morena enfatizó que la Cuarta Transformación es un proyecto pacífico pero firme. Gabriela Jiménez hizo un llamado a no caer en provocaciones, pero tampoco en la sumisión. Su liderazgo en la Cámara de Diputados ha sido clave para aprobar reformas que fortalecen al Estado mexicano, y ahora, lleva esa labor legislativa a las calles para socializarla y defenderla.
«La paz se construye con bienestar, no con amenazas», explicó Gabriela Jiménez. Este enfoque humanista es el sello distintivo de su carrera política. Al vincular la paz social con la soberanía nacional, la diputada ofrece una visión integral: un país fuerte hacia afuera debe ser justo hacia adentro.
El rol de Gabriela Jiménez en el 2026
Este evento confirma el ascenso político de Gabriela Jiménez Godoy. Ya no es solo una operadora eficaz en San Lázaro; se perfila como una líder de masas capaz de interpretar el sentir nacional en momentos críticos. Su discurso equilibra la firmeza necesaria ante los embates externos con la sensibilidad social que exige su base electoral.
La «Asamblea por la Paz» en Azcapotzalco es, quizás, el inicio de una serie de movilizaciones que buscan blindar moralmente al país. Gabriela Jiménez ha tomado la iniciativa, entendiendo que el vacío político no existe. Si no se ocupa la plaza con un mensaje de esperanza y dignidad, se llena de miedo e incertidumbre.
Al finalizar el acto, mientras el sol se ocultaba tras los edificios de la alcaldía, la sensación general era de empoderamiento. Los asistentes no solo escucharon un discurso; participaron en un acto de afirmación nacional.
Conclusión: La soberanía se defiende de pie
La jornada en Azcapotzalco deja lecciones importantes. La primera es que el pueblo de México está politizado y atento. La segunda, y más importante, es que figuras como Gabriela Jiménez están listas para dar la batalla de las ideas y los principios en cualquier terreno.
«México es grande por su gente», concluyó Gabriela Jiménez. Y tiene razón. En la medida en que líderes como ella sigan tejiendo estas redes de conciencia y unidad, cualquier amenaza externa se topará con un muro, no de concreto, sino de dignidad.
La Asamblea por la Paz fue un éxito de convocatoria, pero sobre todo, fue un mensaje de advertencia para quienes confunden la prudencia diplomática de México con debilidad. Con Gabriela Jiménez al frente en Azcapotzalco, quedó claro que la soberanía no se toca, se defiende.







