Saltar al contenido principal

Por Redacción | 21 de enero de 2026 | 15:15 hrs

Davos, Suiza.— Si alguna vez existió un consenso sobre las bondades de un mundo sin fronteras comerciales, este ha quedado enterrado bajo la nieve de los Alpes suizos este miércoles. El Foro Económico Mundial de 2026 pasará a la historia no como un lugar de encuentro, sino como el escenario de un divorcio geopolítico definitivo. La globalización, ese concepto optimista que dominó las últimas tres décadas, ha sido declarada oficialmente en fase terminal, sustituida por una nueva y áspera realidad de bloques cerrados y lealtades forzadas.

Lo que hemos presenciado en las últimas 48 horas en el Centro de Congresos es el choque frontal de dos visiones irreconciliables sobre cómo debe funcionar el planeta. Por un lado, la hegemonía agresiva del «America First» recargado; por el otro, la estrategia de supervivencia de las «potencias medias» que se niegan a ser satélites. En esta crónica, desmenuzamos cómo la globalización se ha fragmentado y qué significa este cisma para la economía de los próximos años.

El fin del «Mundo Plano»: La globalización como arma

Para entender la magnitud del cambio, hay que escuchar el silencio incómodo que siguió a los discursos principales. Hace apenas cinco años, la palabra globalización evocaba cadenas de suministro eficientes, «Just in Time» y cooperación. Hoy, en 2026, evoca vulnerabilidad.

El diagnóstico es unánime entre los analistas presentes: el libre comercio ha dejado de ser una herramienta de prosperidad para convertirse en una herramienta de seguridad nacional. Ya no importa quién fabrica más barato, sino quién fabrica más seguro y quiénes son tus amigos. Las interdependencias económicas, antes celebradas, ahora se ven como riesgos inaceptables. Este cambio de paradigma ha dado luz verde a la formación de «bloques fortaleza», donde la autarquía y los aranceles son las nuevas reglas del juego.

Postura 1: El Nacionalismo Imperial (El Bloque de Trump)

La primera postura que ha acelerado la muerte de la globalización tradicional llegó con la caravana de seguridad del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Su retorno a Davos no fue para calmar a los mercados, sino para dictar sentencia.

Su visión es clara y transaccional: el sistema multilateral (ONU, OMC, OTAN) ha fallado a los intereses estadounidenses. Bajo su mandato, la globalización solo es aceptable si beneficia desproporcionadamente a Washington. Su discurso fue un ultimátum: o los aliados se alinean totalmente con sus políticas de contención hacia China y sus nuevas ambiciones territoriales en el Ártico (con la mirada fija en Groenlandia), o enfrentarán la ira arancelaria.

Trump ha dejado claro que no busca competir en un mercado abierto, sino dominar un mercado protegido. Su bloque es uno de sumisión: «Estás conmigo o contra mí». Esta postura dinamita los cimientos de la globalización al introducir la coerción política directa en las relaciones comerciales. Para él, las fronteras deben ser muros altos para los productos rivales y puertas giratorias solo para los socios que paguen su cuota de seguridad. En este esquema, apoyado ideológicamente por figuras como Javier Milei —quien celebró la destrucción del «collectivismo global»—, la soberanía nacional está por encima de cualquier tratado internacional.

Postura 2: La Resistencia Multipolar (El Bloque de las Potencias Medias)

Frente a este monólogo de poder, surgió una segunda postura, menos ruidosa pero estratégicamente vital. Encabezada por Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, esta visión representa a las naciones que temen quedar aplastadas entre el choque de los titanes (EE. UU. y China).

Carney articuló lo que muchos líderes europeos y asiáticos piensan pero temen decir: la globalización no puede ser reemplazada por un sistema feudal donde se rinde pleitesía a una sola superpotencia. Su frase, «Si no estás en la mesa, estás en el menú», resonó con fuerza. La propuesta de este bloque es la diversificación radical.

Esta postura aboga por una «globalización selectiva» o fragmentada. Países como Canadá, Australia, Japón y miembros de la Unión Europea están buscando tejer nuevas redes comerciales horizontales —hacia la ASEAN, India y el Golfo Pérsico— para reducir su dependencia tanto de Washington como de Pekín. No buscan cerrar fronteras, sino abrir muchas puertas pequeñas en lugar de una grande. Es la estrategia del puercoespín: volverse difícil de tragar para los gigantes. Para este grupo, la globalización debe evolucionar hacia un sistema de múltiples nodos de poder, protegiendo las reglas del juego aunque el árbitro principal (EE. UU.) haya decidido abandonar el campo.

solo opiniones.com globalizacion y brics
Globalización en agonía: 2 posturas de bloques que chocan en el nuevo orden 3

El impacto en las cadenas de suministro: Del «Just in Time» al «Just in Case»

El choque de estas dos posturas tiene efectos inmediatos en la economía real. La globalización de la eficiencia ha muerto; viva la regionalización de la seguridad.

Las empresas transnacionales, atrapadas en el fuego cruzado, están acelerando el nearshoring y el friend-shoring. Ya no se busca el proveedor más barato en Vietnam o China, sino el proveedor que no será sancionado mañana por un tuit presidencial o un bloqueo naval. Esto inevitablemente encarece los productos. La inflación estructural es el precio que pagaremos por desmantelar la globalización.

Veremos la consolidación de tres grandes ecosistemas tecnológicos y comerciales desconectados entre sí:

  1. El Bloque Americano: Centrado en Norteamérica (T-MEC), bajo estándares y control de EE. UU.
  2. El Bloque Euro-Asiático: Una red difusa de «potencias medias» intentando mantener flujos abiertos.
  3. El Bloque Chino: Centrado en el Sur Global y la Ruta de la Seda, operando con sus propios sistemas financieros.

El papel de los «Versos Libres»: Milei y la Batalla Cultural

En medio de este funeral de la globalización, la figura del presidente argentino Javier Milei actuó como un catalizador ideológico. Aunque alineado con Trump, su discurso en Davos atacó la raíz misma del foro: la idea de que una élite global debe dirigir el destino del mundo.

Para Milei, la globalización gestionada por burócratas es el enemigo. Su visión de un capitalismo sin restricciones fronterizas choca paradójicamente con el proteccionismo de Trump, pero convergen en el desprecio por las instituciones multilaterales. Milei representa la «batalla cultural» dentro de la economía: la destrucción de la Agenda 2030 y de cualquier normativa supranacional que huela a intervención estatal. Su rol en Davos 2026 fue validar moralmente el desmantelamiento del orden establecido, dando argumentos filosóficos a lo que Trump ejecuta con fuerza bruta.

Conclusión: Navegando en aguas desconocidas

Al caer la tarde en Davos, la conclusión es sombría pero clara. La globalización feliz de los años 90 y 2000 es ahora una pieza de museo. Hemos entrado en la era de los bloques, de la desconfianza y de la economía armada.

Para países como México, atrapados geográficamente en el Bloque Americano pero con corazón latino, el desafío será monumental. ¿Cómo navegar en un mundo donde tu mayor socio comercial (EE. UU.) exige exclusividad total, mientras el resto del planeta intenta diversificarse?

La globalización no desaparece por completo, pero se transforma en algo más oscuro y compartimentado. En 2026, el mundo ya no es plano; es un terreno montañoso, lleno de muros, trincheras y peajes. Y en este nuevo mapa, la neutralidad es un lujo que muy pocos podrán permitirse.

solo opiniones.com globalizacion
Globalización en agonía: 2 posturas de bloques que chocan en el nuevo orden 4

Deja una respuesta