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Por Redacción | Miércoles 4 de febrero de 2026, 12:30 h.

Nuevo León despertó este miércoles con una noticia que parece sacada de un parte de guerra en Medio Oriente y no de un reporte policial en el noreste de México. La guerra invisible que se libra en las carreteras secundarias y brechas de la llamada «frontera chica» ha dejado de ser un rumor para convertirse en una realidad explosiva. El Fiscal General de Justicia, Javier Flores Saldívar, confirmó lo que muchos temían: el uso de minas terrestres artesanales contra vehículos en el municipio de Doctor Coss.

No fue un accidente vial, ni un enfrentamiento armado convencional. Fue una trampa. Una camioneta pick-up que circulaba por la zona rural activó un artefacto explosivo improvisado, detonando una carga que destrozó la parte baja del vehículo y sacudió la tranquilidad —si es que aún existía alguna— de la región. Este incidente marca un punto de inflexión en la estrategia de los grupos criminales que operan en la entidad, elevando la violencia a categorías que rozan, si no es que definen, el terrorismo doméstico.

La confirmación oficial: «Sí hay explosivos»

La mañana en el Palacio de Gobierno de Monterrey fue tensa. Tras la reunión de la Mesa de Seguridad, el Fiscal Flores Saldívar salió al paso de las especulaciones. Con un tono grave, admitió el suceso. «Efectivamente, hubo una detonación en Doctor Coss», señaló ante los medios. La guerra invisible que las autoridades estatales a menudo intentan minimizar en sus discursos de inversión extranjera y nearshoring, hoy se materializó en acero retorcido y pólvora.

El funcionario detalló que elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ya se encuentran asegurando el perímetro. No es para menos. La presencia de minas terrestres cambia las reglas de juego para cualquier patrullaje. Ya no basta con blindaje en las ventanas o ametralladoras montadas; ahora el peligro yace bajo la tierra, esperando la presión de una llanta para liberar su furia.

Aunque el reporte oficial no habla de víctimas mortales en este evento específico, la imagen de la camioneta dañada que circula en redes sociales es un testimonio mudo de la potencia del artefacto. Si hubiese sido un vehículo civil compacto o un transporte escolar, la historia sería trágica.

Doctor Coss: El epicentro del silencio

Para entender esta guerra invisible, hay que mirar el mapa. Doctor Coss no es un municipio cualquiera. Ubicado en los límites con Tamaulipas, es un corredor estratégico para el tráfico de drogas, armas y migrantes. Es territorio en disputa. Aquí, la ley del Estado se diluye y se impone la ley del más fuerte.

Los habitantes de Doctor Coss viven bajo un asedio constante. Han visto sus presidencias municipales baleadas, sus ambulancias robadas y sus caminos bloqueados con «monstruos» (vehículos blindados artesanalmente). Pero el uso de minas terrestres representa una escalada táctica. Colocar explosivos en caminos públicos es una estrategia de negación de área, típica de guerrillas, diseñada no solo para dañar al enemigo rival o a las fuerzas del orden, sino para sembrar el terror psicológico en la población.

En esta guerra invisible, el silencio es la mejor defensa para los locales. Nadie vio quién puso la mina. Nadie sabe nada. El miedo a las represalias es más fuerte que el deseo de justicia. Las brechas se vuelven intransitables y el aislamiento del municipio se profundiza, convirtiéndolo en una «zona gris» donde el gobierno de Nuevo León tiene presencia intermitente, pero no control real.

Guerra invisible
Guerra invisible: 3 Claves del terrorismo con minas en Doctor Coss 3

De la delincuencia al narcoterrorismo

El término «terrorismo» suele ser evitado por las autoridades mexicanas por sus implicaciones legales y políticas internacionales. Sin embargo, ¿qué otro nombre recibe la colocación de minas antipersona o antivehículo en vías de comunicación? La guerra invisible en Nuevo León ha adoptado tácticas que buscan paralizar a través del miedo indiscriminado.

Expertos en seguridad consultados por Solo Opiniones advierten que este modus operandi no es nuevo en México —se ha visto en Michoacán y Jalisco—, pero su llegada al noreste es alarmante. Implica que los cárteles (presuntamente facciones del Cártel del Noreste o del Golfo) cuentan con «ingenieros» capaces de fabricar estos dispositivos y con la voluntad política de usarlos, sin importar los daños colaterales.

Esta guerra invisible ya no se trata solo de sicarios con rifles de asalto. Se trata de una insurgencia criminal que utiliza tecnología y explosivos para desafiar la soberanía del Estado. El mensaje es claro: «Este territorio es nuestro, y entraremos o saldremos de él como queramos, o nadie lo hará».

La respuesta tardía y el peligro latente

La reacción del Estado llega, como suele suceder en esta guerra invisible, de forma reactiva. El envío de tropas y equipos antibombas es necesario, pero insuficiente si no se ataca la estructura logística que permite la fabricación y colocación de estas minas. ¿Cuántas más hay sembradas en los caminos rurales de Doctor Coss, Los Aldamas o General Bravo? Esa es la pregunta que mantiene a los pobladores sin dormir.

La guerra invisible se alimenta de la impunidad. Mientras no haya detenidos responsables de colocar estos explosivos, el incentivo para seguir usándolos permanece intacto. Es una herramienta barata y de alto impacto. Una mina cuesta unos pocos dólares en materiales, pero el daño que causa en términos de percepción de seguridad es incalculable.

Además, existe el riesgo de la «contaminación» del territorio. Una mina no distingue entre una patrulla de Fuerza Civil, un tractor de un agricultor o la camioneta de una familia que va de visita. La guerra invisible deja cicatrices en la tierra que pueden tardar años en sanar, convirtiendo zonas productivas en campos minados literales.

Conclusión: La realidad que explota en la cara

Nuevo León no puede seguir vendiéndose al mundo solo como la capital industrial de México mientras en su traspatio rural se libra una guerra invisible con tácticas de Medio Oriente. El incidente en Doctor Coss debe ser un llamado de atención urgente. No se puede tapar el sol —ni las explosiones— con un dedo.

La ciudadanía exige transparencia. ¿Qué está pasando realmente en la frontera chica? ¿Es seguro transitar por las carreteras del norte del estado? La guerra invisible debe hacerse visible para poder combatirla. Negarla o minimizarla, llamándola «hechos aislados», solo da ventaja a quienes siembran el terror bajo la tierra.

Hoy fue una camioneta en una brecha lejana. Mañana, si esta escalada no se frena con inteligencia y fuerza contundente, la guerra invisible podría acercarse peligrosamente a las zonas urbanas. La mina en Doctor Coss no es solo un explosivo detonado; es una alarma ensordecedora que nos advierte que la paz en Nuevo León pende de un hilo muy delgado, y a veces, explosivo.

Guerra invisible
Guerra invisible: 3 Claves del terrorismo con minas en Doctor Coss 4

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