Por Redacción
La música regional mexicana amaneció este jueves con un acorde de luto. Oscar Alvarado, el joven intérprete duranguense conocido cariñosamente como «El Chino del Rancho», perdió la batalla contra la muerte durante la madrugada de hoy, 29 de enero de 2026. Su fallecimiento marca el trágico desenlace de una agonía que se extendió por más de diez días, luego de haber sido blanco de un ataque armado directo en un bar de la capital de Durango, un hecho que no solo silenció una voz prometedora, sino que destapó una cloaca de violencia e impunidad que roza las esferas del poder público estatal.
La noticia fue confirmada a través de redes sociales por su hermano, Mayito Alvarado, con un mensaje desgarrador que rápidamente se viralizó entre fanáticos y colegas del gremio: «La vida jamás se verá igual para mí, te fuiste con la jefa». Con estas palabras, se cerraba el capítulo físico de Oscar Alvarado, pero se abría uno nuevo: el de la exigencia de justicia en un caso plagado de irregularidades y personajes polémicos.
A continuación, presentamos una crónica detallada de los hechos, desde la noche fatídica en el bulevar Guadiana hasta el último suspiro del artista, desglosando los elementos que convierten este crimen en un expediente de alto impacto social y político.
1. El inicio de la tragedia: Noche de fiesta y plomo
Todo comenzó la madrugada del domingo 18 de enero. Oscar Alvarado se encontraba en el conocido bar «Salón Monterrey», ubicado en el bulevar Guadiana de la ciudad de Durango. Lo que debía ser una velada de esparcimiento o trabajo —pues el cantante solía frecuentar estos sitios para promocionar su música o convivir con seguidores— se tornó en una pesadilla en cuestión de minutos.
Según los reportes de testigos presenciales y las primeras indagatorias de la Fiscalía, se suscitó una riña al interior o en las inmediaciones del establecimiento. Oscar Alvarado, descrito por sus conocidos como un hombre de carácter pero no conflictivo, se vio involucrado en una discusión que escaló rápidamente. La versión que ha cobrado más fuerza señala que, tras un altercado físico, uno de los involucrados no aceptó la derrota y decidió resolver la disputa con pólvora.
2. El ataque armado y la huida
Fue al salir del recinto cuando la violencia estalló sin freno. Oscar Alvarado fue interceptado y atacado a balazos a quemarropa. Recibió al menos tres impactos de proyectil de arma de fuego en la zona del tórax y el abdomen, heridas devastadoras que comprometieron órganos vitales de inmediato.
Mientras el agresor y sus acompañantes huían amparados por la confusión y la oscuridad, Oscar Alvarado quedaba tendido en el asfalto, luchando por cada bocanada de aire. Los servicios de emergencia lo trasladaron en código rojo al Hospital General 450, donde ingresó directamente a terapia intensiva. Desde ese momento, su pronóstico fue reservado, iniciando un calvario médico que mantuvo en vilo a su familia y a sus miles de seguidores en redes sociales.
3. La sombra de un funcionario público
El caso de Oscar Alvarado no tardó en teñirse de escándalo político. Apenas unas horas después del ataque, trascendió la identidad de uno de los participantes en la riña previa a los disparos: Jesús Evodio «N», quien hasta ese momento se desempeñaba como Subsecretario Operativo de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE).
Aunque las autoridades, encabezadas por el titular de la SSPE, Óscar Galván Villarreal, se apresuraron a aclarar que el funcionario «estaba de vacaciones» y que no fue él quien jaló el gatillo, su presencia en el lugar de los hechos y su participación en la pelea generaron una ola de indignación. Se dice que el funcionario fue noqueado durante la gresca, y que fue un «acompañante civil» quien, en represalia, disparó contra Oscar Alvarado.
Ante la presión mediática y social, el gobernador Esteban Villegas ordenó la separación inmediata del cargo del subsecretario para no entorpecer las investigaciones, un movimiento que, aunque necesario, no disipó las dudas sobre la protección de la que gozan ciertos personajes en la entidad.

4. Diez días de agonía y esperanza
Durante más de una semana, el nombre de Oscar Alvarado se convirtió en tendencia en Durango. Se organizaron cadenas de oración, y su hermano Mayito mantenía informada a la comunidad sobre los altibajos en su salud. «Sigue luchando», escribía, aferrándose a la fortaleza física de un joven que, además de músico, era deportista y disciplinado.
Sin embargo, las lesiones causadas por las balas habían causado estragos irreversibles. A pesar de múltiples intervenciones quirúrgicas y el esfuerzo del equipo médico del Hospital General 450, el cuerpo de Oscar Alvarado no resistió más. La madrugada de este jueves 29 de enero, su corazón dejó de latir, transformando la carpeta de investigación de «lesiones dolosas» a «homicidio calificado».
5. ¿Quién era «El Chino del Rancho»?
Para entender la magnitud de la pérdida, hay que recordar quién era la persona detrás del nombre. Oscar Alvarado no era un improvisado en la música. Desde su adolescencia mostró talento para la composición y el canto. Su carrera había tomado un impulso significativo recientemente con temas como «El Durangazo», «California High» (en colaboración con W. Corona) y su más reciente sencillo, «Corrido de Armando Alvarado», lanzado apenas el pasado 9 de enero, días antes del ataque.
Más allá de los escenarios, Oscar Alvarado tenía una visión empresarial clara. A finales de 2025 había lanzado su propia marca de mezcal, buscando diversificar sus ingresos y promover los productos de su tierra. Era un joven que buscaba trascender, que había compartido micrófonos en «palomazos» con figuras de la talla de Santa Fe Klan y que soñaba con llevar el nombre de Durango a los grandes escenarios internacionales.
6. La reacción del gremio y la sociedad
La muerte de Oscar Alvarado ha caído como un balde de agua helada en el gremio del regional mexicano. No es la primera vez que un cantante de corridos es asesinado, pero la saña y el contexto de este crimen duelen de manera particular. En redes sociales, fanáticos han inundado los perfiles del artista con mensajes de despedida: «Vuela alto, Chino», «Tu música se queda con nosotros», «Justicia para Oscar».
Pero junto al dolor, crece la rabia. La sociedad duranguense cuestiona la seguridad en los centros nocturnos y la impunidad con la que personas armadas circulan por la ciudad. La implicación, directa o indirecta, de servidores públicos en actos de violencia nocturna añade una capa de desconfianza hacia las instituciones encargadas de procurar justicia.
7. ¿Qué sigue en la investigación?
Con el fallecimiento de Oscar Alvarado, la Fiscalía General del Estado de Durango tiene ahora la presión de entregar resultados contundentes. Ya no se trata de buscar a un agresor por lesiones, sino a un homicida. La atención está puesta en si se logrará identificar y capturar al autor material de los disparos, y si se fincarán responsabilidades penales —más allá de las administrativas— al exfuncionario involucrado en la riña que detonó la tragedia.
La familia Alvarado ha pedido respeto a su duelo, pero también ha dejado claro, a través de sus mensajes, que la herida que deja esta partida es profunda. No han anunciado aún si se realizarán homenajes públicos, pero es previsible que la comunidad musical se organice para despedir a su colega como él hubiera querido: con música de banda y corridos.
Hoy, la voz de Oscar Alvarado se ha apagado en el mundo terrenal, pero su eco resuena como un recordatorio brutal de la violencia que sigue acechando a México. «El Chino del Rancho» se suma a la lista de talentos truncados, dejando un legado de canciones que ahora, inevitablemente, sonarán a despedida y a exigencia de justicia. Descanse en paz.








