Por Redacción | 03 de enero de 2026 | 15:00 hrs
La captura de Nicolás Maduro no solo significa un cambio de mando; significa la llave de la libertad para cientos de personas que languidecen en los calabozos de la dictadura. Durante 13 años, la existencia de presos políticos en Venezuela fue la prueba irrefutable de que la democracia había muerto.
No eran delincuentes. Eran estudiantes, defensores de derechos humanos, militares institucionalistas y políticos que cometieron el «crimen» de disentir. El régimen instauró un mecanismo perverso conocido como la «Puerta Giratoria»: encarcelar a unos para liberar a otros, manteniendo siempre un stock de rehenes para negociar con la comunidad internacional.
Hoy, recordamos quiénes son y cómo el sistema judicial se convirtió en el verdugo de la libertad.
El Helicoide y La Tumba: La arquitectura del terror
Para entender la tragedia de los presos políticos en Venezuela, hay que mirar hacia El Helicoide. Lo que fue diseñado para ser un centro comercial moderno en Caracas, terminó convertido en la sede del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia) y en el centro de tortura más grande de América Latina.
Allí, y en los sótanos de la Plaza Venezuela conocidos como «La Tumba» (cinco pisos bajo tierra con aire acondicionado a temperaturas gélidas y luz blanca las 24 horas), el madurismo intentó quebrar la voluntad de sus opositores. Las denuncias ante la Corte Penal Internacional detallan descargas eléctricas, asfixias con bolsas de plástico y violencia sexual.
Los rostros emblemáticos del presidio
Aunque la lista llegó a superar los 2,000 detenidos tras el fraude electoral de 2024, hay nombres que se convirtieron en símbolos mundiales de la injusticia:
1. Rocío San Miguel
Detenida en febrero de 2024, la presidenta de la ONG Control Ciudadano fue acusada de conspiración sin pruebas. Su detención fue un mensaje claro: nadie estaba a salvo, ni siquiera los expertos técnicos más respetados. San Miguel pasó años incomunicada, convirtiéndose en una de las presos políticos en Venezuela más emblemáticas por su labor de monitoreo al sector militar.
2. Javier Tarazona
El director de FundaRedes fue detenido en 2021 por hacer lo que el Estado no hacía: denunciar la presencia de guerrillas colombianas (ELN y FARC) en territorio venezolano y sus negocios con el régimen. Su salud se deterioró gravemente bajo custodia, convirtiéndose en un mártir de la libertad de expresión.
3. Los Militares Institucionalistas
Maduro temía a los cuarteles más que a las calles. Por eso, el grupo más numeroso de presos políticos en Venezuela siempre provino de la Fuerza Armada. Oficiales como el Capitán Juan Carlos Caguaripano o el General Héctor Hernández Da Costa sufrieron las torturas más salvajes en la sede de la DGCIM, acusados de traición por defender la Constitución.

La «Generación 2024»: Los niños presos
El capítulo más oscuro se escribió tras las elecciones de 2024. Ante la protesta masiva por el robo de votos, el régimen desató la «Operación Tun Tun». Lo inaudito fue la detención de adolescentes y niños.
Maduro encarceló a menores de edad, acusándolos de «terrorismo» por haber enviado mensajes de WhatsApp o por estar cerca de una protesta. Las madres venezolanas, haciendo vigilia frente a las cárceles de Tocuyito y Tocorón, se convirtieron en la imagen del dolor nacional. Estos jóvenes, que no conocieron otro gobierno más que el chavismo, pagaron con su libertad el deseo de un futuro distinto.
Cómo Maduro enterró la democracia
La fábrica de presos políticos en Venezuela funcionó gracias al secuestro total del Poder Judicial. Jueces y fiscales no actuaban basándose en la ley, sino en órdenes directas de Miraflores.
- Terrorismo como comodín: Cualquier protesta, tuit o reunión política era calificada como «acto terrorista» o «asociación para delinquir».
- Juicios sin fin: La mayoría de los presos pasaron años sin juicio, con audiencias diferidas infinitamente para mantenerlos en un limbo legal (la «pena del banquillo»).
- Castigo a las familias: El régimen aplicó el Sippenhaft (táctica nazi), persiguiendo y encarcelando a familiares de los buscados para forzar su entrega.
Libertad: La primera orden del nuevo día
Con Nicolás Maduro fuera del poder, la exigencia es inmediata: Amnistía General. No puede haber transición ni reconstrucción mientras exista un solo preso de conciencia tras las rejas.
La historia de los presos políticos en Venezuela es una cicatriz que tardará generaciones en sanar. Pero hoy, por primera vez en 13 años, las llaves de las celdas ya no están en manos del tirano. La libertad, por la que tanto sacrificaron, está a punto de cruzar el umbral de El Helicoide.








