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Por Redacción | 11 de enero de 2026 | 14:00 hrs

El invierno en Teherán suele ser frío y gris, pero este enero de 2026, el clima en las calles es de un fuego abrasador. Las imágenes que logran filtrarse a través del bloqueo digital impuesto por el régimen muestran una realidad que el mundo temía ver repetirse: barricadas en llamas, gases lacrimógenos nublando el bazar y, trágicamente, cuerpos jóvenes cayendo sobre el asfalto. Las Protestas en Irán han resurgido con una virulencia que no se veía desde los estallidos de 2022, pero esta vez, el motor del descontento es una mezcla volátil de desesperación económica y asfixia social.

Según reportes de organizaciones de derechos humanos en el exilio, la cifra de fallecidos en la última semana supera ya las decenas, aunque el apagón informativo hace imposible verificar el número exacto. ¿Qué está pasando realmente en la República Islámica? ¿Por qué, después de años de represión sistemática, la gente ha vuelto a perder el miedo a las balas? En esta crónica, desglosamos las causas profundas de las nuevas Protestas en Irán y qué significan para la estabilidad de Medio Oriente.

1. El detonante: El «Gasolinazo» y la inflación imposible

Si bien la lucha por las libertades civiles sigue vigente, el gatillo inmediato de estas nuevas Protestas en Irán fue económico. El pasado lunes, el gobierno anunció un recorte abrupto a los subsidios estatales de energía y alimentos básicos. De la noche a la mañana, el precio del pan y del combustible se triplicó en provincias clave.

Para una población que lleva años viendo cómo su moneda, el rial, se convierte en papel mojado frente al dólar debido a las sanciones internacionales y la mala gestión, esto fue la gota que derramó el vaso. Las Protestas en Irán comenzaron en las zonas periféricas más pobres, como Juzestán, pero rápidamente se contagiaron a la clase media de Teherán y Tabriz. El grito ya no es solo «Mujer, Vida, Libertad», sino también «Pan, Trabajo y Dignidad». La gente siente que no tiene nada que perder porque, literalmente, ya no les alcanza para comer.

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2. La «Muralla Digital» y el aislamiento total

Un factor distintivo de esta ola de manifestaciones es la respuesta tecnológica del Estado. Las Protestas en Irán de este 2026 se enfrentan a la implementación final de la llamada «Intranet Nacional» o Halal Net. El régimen ha desconectado casi totalmente el acceso a la internet global en las zonas de conflicto, impidiendo que los manifestantes se organicen por WhatsApp o Telegram.

Esta censura digital ha enfurecido aún más a la juventud, conocida como la Generación Z iraní, que vive conectada. Al verse privados de su ventana al mundo y de sus herramientas de comunicación, han salido a las calles a desafiar a las fuerzas de seguridad cuerpo a cuerpo. Las Protestas en Irán se han vuelto analógicas y, por ende, más caóticas y difíciles de controlar por la policía cibernética, derivando en enfrentamientos físicos brutales en universidades y plazas públicas.

3. La sombra de la sucesión y la salud del Líder

En los círculos de inteligencia se habla en voz baja sobre otro factor que alimenta la inestabilidad: los rumores sobre el deterioro de la salud del Líder Supremo, el Ayatolá Alí Jamenei. La incertidumbre sobre quién tomará las riendas del poder ha creado fracturas dentro de la élite gobernante.

Las Protestas en Irán están siendo aprovechadas por diferentes facciones políticas internas. Mientras la Guardia Revolucionaria intenta mostrar mano dura para asegurar su posición en una eventual sucesión, la población percibe un vacío de poder y debilidad en la cúpula. Los cánticos en las marchas de anoche en la ciudad santa de Qom —el corazón religioso del país— atacaban directamente a la figura del Líder, algo que hace una década hubiera sido impensable y castigado con la pena de muerte inmediata. Esto demuestra que el respeto reverencial (o el miedo absoluto) hacia la teocracia se está desmoronando.

4. La brutalidad de los Basij y la Guardia Revolucionaria

La respuesta del Estado ante las Protestas en Irán ha sido militarizar las ciudades. Los temidos Basij (fuerzas paramilitares voluntarias) han sido desplegados con autorización de usar fuego real. Los videos verificados muestran el uso de escopetas de perdigones a corta distancia, apuntando deliberadamente a los ojos y rostros de las mujeres manifestantes, una táctica de terror psicológico para marcarlas de por vida.

Esta violencia desmedida, lejos de apagar el fuego, ha generado un ciclo de mártires. Cada funeral de una víctima de las Protestas en Irán se convierte en una nueva manifestación, creando un efecto de bola de nieve. Las familias ya no lloran en silencio; gritan venganza frente a las comisarías. La sangre derramada en enero de 2026 está radicalizando a sectores que antes eran moderados, empujando al país hacia un escenario de guerra civil de baja intensidad en provincias como Kurdistán y Baluchistán.

5. El rol de las mujeres: La resistencia no murió

Aunque el factor económico encendió la mecha, el espíritu de la lucha feminista sigue siendo el alma del movimiento. Las Protestas en Irán continúan lideradas en primera línea por mujeres que se niegan a volver a la sumisión. A pesar de que el régimen instaló nuevas cámaras de reconocimiento facial con Inteligencia Artificial para multar a quienes no lleven el hiyab, miles de iraníes caminan con el cabello descubierto como acto de desobediencia civil.

En las universidades, las estudiantes han boicoteado las clases y han expulsado a los clérigos enviados por el gobierno para «reeducarlas». Las Protestas en Irán han demostrado que el cambio cultural es irreversible. El régimen puede matar a las personas, pero no puede matar la idea de que la mitad de la población merece derechos plenos. La valentía de estas mujeres, que se enfrentan a tanques con las manos vacías, sigue inspirando la solidaridad internacional, aunque las acciones concretas de Occidente sigan siendo limitadas.

Conclusión: ¿Hacia dónde va Irán en 2026?

El escenario es sombrío. El gobierno no muestra señales de querer dialogar y su única herramienta es la represión letal. Por otro lado, la sociedad civil ha llegado a un punto de no retorno. Las Protestas en Irán ya no buscan una reforma dentro del sistema; buscan un cambio de sistema.

Lo que estamos presenciando este enero no es un evento aislado, sino un capítulo más de una revolución lenta y dolorosa. La comunidad internacional observa con preocupación cómo un país clave para la geopolítica energética y nuclear se sumerge en el caos.

Mientras lees esto, en alguna calle de Isfahán o Shiraz, alguien está arriesgando su vida por un futuro distinto. Las Protestas en Irán son el recordatorio de que la libertad es un anhelo humano que ni la teocracia más dura puede extinguir por completo. Seguiremos informando conforme la situación evolucione en las próximas horas críticas.

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