Por Redacción
En las bahías de Huatulco, donde el turquesa del mar suele distraer de los problemas terrenales, se ha desatado una tormenta política que amenaza con arrastrar a uno de los hombres más ricos de México. Salinas Pliego, el magnate dueño de TV Azteca y Grupo Salinas, no es un extraño en la polémica, pero esta vez, los reflectores no apuntan a sus tuits incendiarios ni a sus yates en el Mediterráneo, sino a una trama local de favores, tragedias y dinero perdonado que el gobierno de Oaxaca ha decidido sacar a la luz.
Lo que comenzó como un accidente de tránsito en una carretera oaxaqueña ha terminado destapando una «caja de Pandora» que conecta al poder municipal con los intereses empresariales del «Tío Richie». Mientras el gobernador Salomón Jara promete ir hasta las últimas consecuencias, la ciudadanía se pregunta: ¿Hasta dónde llega la influencia del empresario en la administración pública local?
Para entender la magnitud del escándalo que hoy domina las primeras planas, desglosamos los tres elementos clave que quizás no sabías sobre las actividades de Salinas Pliego en la costa oaxaqueña.
1. El «regalo» blindado y un accidente mortal
La historia tiene un inicio trágico. A principios de enero de este 2026, el presidente municipal de Santa María Huatulco, Julio César Cárdenas Ortega, sufrió un aparatoso accidente automovilístico. Lo que podría haber sido una nota roja más se convirtió en un escándalo político cuando se revelaron dos detalles perturbadores. Primero, la muerte de una joven acompañante, Dulce Ivonne, días después del siniestro. Y segundo, el vehículo en el que viajaban.
No era una patrulla ni un auto oficial. El alcalde se accidentó en una camioneta de lujo, blindada y de alta gama. Las investigaciones de la Fiscalía y los señalamientos del propio gobernador Salomón Jara apuntan a que este vehículo no fue comprado con el sueldo del edil, sino que fue presuntamente un «regalo» o préstamo de una empresa filial de Grupo Salinas.
Aquí es donde el nombre de Salinas Pliego entra en la ecuación criminal. La pregunta que retumba en el Palacio de Gobierno en Oaxaca es simple: ¿Por qué un alcalde municipal conduciría una camioneta vinculada al tercer hombre más rico del país? La respuesta, según las indagatorias, no es amistad, sino un intercambio de favores que costó vidas y erario.

2. El «indulto» fiscal del 99%
Si la camioneta era el «pago», ¿cuál fue el servicio? La investigación estatal ha detectado una irregularidad financiera que ha dejado helados a los auditores. El Ayuntamiento de Huatulco, bajo la administración del edil accidentado, habría otorgado una condonación de impuestos inverosímil al campo de golf «Las Parotas» (ahora en disputa por ser Área Natural Protegida), operado por empresas de Salinas Pliego.
Se habla de un descuento del 99% en el pago del impuesto predial. Mientras un ciudadano común en Oaxaca debe pagar puntualmente sus contribuciones para no generar recargos, la empresa del magnate habría recibido un «traje a la medida» para ahorrarse millones de pesos que deberían haber entrado a las arcas municipales para obra pública y servicios.
Este «indulto» fiscal es la pieza central del rompecabezas. Explica la cercanía entre el alcalde y el empresario, y da sentido a la presencia de la famosa camioneta. Para el gobierno de Salomón Jara, esto no es una gestión administrativa; es un acto de corrupción flagrante donde se intercambió patrimonio público (los impuestos no cobrados) por beneficios privados (la camioneta y el apoyo político).
3. La guerra abierta: Jara vs. El Magnate
El tercer punto que debes conocer es que esto ya no es una escaramuza legal; es una guerra política abierta. Salinas Pliego ha utilizado sus redes sociales y sus espacios televisivos para atacar sistemáticamente al gobierno federal y estatal, alegando persecución. Sin embargo, en Oaxaca, la narrativa está cambiando.
El gobernador Salomón Jara ha tomado este caso como una bandera de su administración para demostrar que «nadie está por encima de la ley». La investigación abierta contra el edil de Huatulco no es solo por el accidente, sino por «cohecho y ejercicio indebido de funciones» al favorecer a Salinas Pliego.
Lo que está en juego es el control del territorio. El campo de golf de Tangolunda ha sido el símbolo de esta lucha: por un lado, la visión de convertirlo en parque público y Área Natural Protegida; por el otro, el interés de mantenerlo como un enclave exclusivo bajo la operación de Grupo Salinas. La revelación de los sobornos disfrazados de «descuentos en el predial» debilita la posición moral del empresario, quien ya no puede alegar simplemente ser una víctima del sistema, sino que ahora debe responder por los nexos turbios con autoridades locales.
Conclusión: El costo de la impunidad
El caso de Huatulco es un microcosmos de cómo operan los poderes fácticos en México. Un alcalde deslumbrado por el poder económico, un empresario acostumbrado a mandar más que los gobernantes, y en medio, una tragedia humana y el saqueo de los recursos públicos.
Hoy, Salinas Pliego enfrenta uno de sus momentos más críticos en el sur del país. No por sus deudas con el SAT a nivel federal, sino porque en un pequeño municipio de la costa, las cuentas no cuadran y la sangre derramada en un accidente ha llevado a las autoridades a mirar debajo de la alfombra.
Lo que encuentren allí podría definir no solo el futuro del campo de golf, sino el destino de varios políticos que creyeron que ser «amigos» del dueño de la televisora les garantizaba impunidad eterna.







