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Por Redacción | SERIE ESPECIAL: MÉXICO 2026 | 07 de enero de 2026 | 09:00 hrs

Si el sexenio anterior se definió por una frase moralizante —»Abrazos, no balazos»—, el actual gobierno ha intentado definirse por una palabra técnica: Inteligencia. Al entrar en el segundo año de mandato, la estrategia de Seguridad con Sheinbaum enfrenta su prueba de fuego. La luna de miel de las promesas ha terminado y la realidad de los mapas delictivos (que analizamos en la entrega anterior) exige resultados tangibles, no solo discursivos.

La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia trajo consigo un cambio de timón silencioso pero profundo. Sin romper públicamente con su predecesor, la mandataria delegó el «fierro caliente» de la pacificación a una figura civil con poder inédito: Omar García Harfuch.

En esta tercera entrega de nuestra serie «México 2026: El Estado Rebasado», diseccionamos los engranajes de la nueva maquinaria estatal. ¿Es la Seguridad con Sheinbaum una verdadera evolución institucional o simplemente una tecnocracia policial administrando el mismo caos?

1. La «Super Secretaría» y el fin de la improvisación

El pilar central de la Seguridad con Sheinbaum fue la reforma administrativa que devolvió a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) facultades de investigación que antes eran exclusivas de la Fiscalía. Bajo el mando de García Harfuch, la SSPC dejó de ser un ente administrativo para convertirse en el cerebro operativo del gabinete.

La premisa era clara: no se puede combatir al crimen organizado solo con patrullajes aleatorios de la Guardia Nacional. La Seguridad con Sheinbaum apuesta por carpetas de investigación sólidas que golpeen las finanzas y las estructuras de mando, no solo a los sicarios de a pie. En teoría, esto representa un avance hacia la profesionalización; en la práctica, ha generado roces institucionales severos con la Fiscalía General de la República (FGR), creando una guerra fría burocrática que a menudo entorpece la judicialización de los casos de alto impacto.

2. El Sistema Nacional de Inteligencia (SNI)

Quizás el cambio más drástico en el modelo de Seguridad con Sheinbaum es la centralización de la información. La creación del Sistema Nacional de Inteligencia buscó unificar las bases de datos de plataformas estatales, fiscalías y fuerzas federales. La idea de que «la información es poder» se convirtió en el mantra de Palacio Nacional.

El uso de tecnología de punta —drones de vigilancia en zonas serranas, intercepción de comunicaciones bajo orden judicial y análisis de Big Data— ha permitido golpes quirúrgicos que eran impensables hace unos años. Sin embargo, los críticos señalan que la Seguridad con Sheinbaum corre el riesgo de convertir al Estado en un «Big Brother» sin los contrapesos adecuados. Mientras se presume la captura de líderes intermedios gracias a esta tecnología, las organizaciones de derechos humanos alertan sobre la opacidad en el manejo de estos datos sensibles.

3. La Guardia Nacional: Del albañil al policía

Durante el sexenio pasado, la Guardia Nacional (GN) fue utilizada para todo: desde construir aeropuertos hasta vigilar aduanas. La estrategia de Seguridad con Sheinbaum ha intentado, con éxito mixto, reorientar a este cuerpo hacia labores netamente policiales y de proximidad.

La instrucción fue clara: la GN debe investigar, no solo desfilar. Se han creado unidades especializadas dentro de la corporación para delitos como la extorsión y el secuestro. No obstante, la inercia militar sigue pesando. A pesar de los intentos de «civilizar» los procesos, la tropa sigue operando bajo lógicas castrenses de ocupación territorial. La Seguridad con Sheinbaum no ha logrado desmilitarizar la seguridad pública; más bien, ha intentado profesionalizar la militarización, dándole herramientas jurídicas para actuar como primeros respondientes, un proceso de aprendizaje que ha costado tiempo y errores procedimentales en detenciones clave.

4. La «Atención a las Causas» 2.0

Aunque el discurso de «atender las causas» se mantiene, la implementación ha cambiado. La Seguridad con Sheinbaum reconfiguró los programas sociales (como Jóvenes Construyendo el Futuro) para enfocarlos geográficamente en las colonias de mayor incidencia delictiva, bajo un programa denominado «Reconstrucción del Tejido Social».

Ya no se trata de repartir dinero a granel, sino de intervenciones focalizadas: recuperar espacios públicos, iluminar calles y ofrecer alternativas culturales en los «puntos calientes» detectados por la inteligencia policial. Si bien esta vertiente de la Seguridad con Sheinbaum es la más noble, es también la más lenta. Los resultados de la prevención social tardan una generación en verse, y el reloj político de la violencia corre mucho más rápido que la paciencia ciudadana. En zonas como Guanajuato o Chiapas, donde el crimen es la única autoridad visible, los programas sociales siguen llegando tarde.

Seguridad con Sheinbaum
Seguridad con Sheinbaum: 5 claves del giro radical hacia la inteligencia 2

5. El talón de Aquiles: La coordinación estatal

El mayor obstáculo para la Seguridad con Sheinbaum no está en el gabinete federal, sino en los estados. El modelo federalista de seguridad está roto. Mientras la federación invierte en tecnología, muchas policías municipales y estatales siguen operando en condiciones precarias, infiltradas por el narco o sin gasolina para las patrullas.

La estrategia de Seguridad con Sheinbaum ha intentado forzar la coordinación a través de las Mesas de Construcción de Paz, pero la realidad política se impone. Gobernadores de oposición (y algunos propios) se resisten a ceder el control de sus policías o a depurarlas bajo los estándares federales. Esta desconexión crea vacíos de autoridad donde los cárteles se mueven a sus anchas. El gobierno federal tiene la inteligencia, pero carece de los brazos locales confiables para ejecutarla en el último kilómetro.

Conclusión: ¿Avance o estancamiento?

Al evaluar la Seguridad con Sheinbaum en este 2026, el balance es agridulce. Indudablemente, hay más orden, más método y más ciencia policial que en el sexenio anterior. Se acabaron las ocurrencias mañaneras y llegaron los diagnósticos técnicos.

Sin embargo, la inercia de la violencia es una fuerza brutal. Los homicidios han dejado de crecer exponencialmente, pero se han estancado en una meseta alta e inaceptable. La «Pax Mafiosa» en ciertas regiones y la guerra abierta en otras demuestran que la inteligencia policial, por sí sola, no basta cuando el enemigo tiene la capacidad de fuego de un ejército y la capacidad económica de una transnacional.

La Seguridad con Sheinbaum ha puesto los cimientos de un Estado más capaz, pero el edificio de la paz sigue en obra negra, y los ciudadanos comienzan a preguntarse si la inteligencia será suficiente para ganar una guerra que lleva dos décadas desangrando al país.


➡️ [LEER PARTE 1] Guerra contra el narco: Crónica de una alternancia fallida
➡️ [LEER PARTE 2] Mapa Criminal 2026: La mutación del CJNG y Sinaloa
➡️ [PRÓXIMAMENTE PARTE 4] Las Víctimas: El rostro humano de la tragedia (Enlace a la siguiente entrega)

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