Por Redacción | 03 de enero de 2026 | 13.40 hrs
La Transformación de Sonora es un hecho que no puede no analizarse. En política, hay gobiernos que administran la inercia y gobiernos que rompen paradigmas. Al entrar en la recta final de su sexenio este 2026, queda claro que la administración de Alfonso Durazo pertenece a la segunda categoría. El gobernador no llegó para «nadar de muertito», sino para sacudir las estructuras oxidadas de un estado que llevaba décadas viviendo de glorias pasadas.
Sin embargo, los grandes proyectos de nación —y de estado— no se cocinan en un solo sexenio. La Transformación de Sonora que hoy vemos, materializada en paneles solares, grúas portuarias y becas universitarias, es apenas el cimiento de un edificio mucho más alto.
El debate público hacia el 2027 no debe ser sobre quién sigue, sino sobre qué sigue. Y la respuesta, ante la contundencia de los datos, es una sola: la continuidad del proyecto es vital para la supervivencia económica de Sonora.

De la ocurrencia a la Estrategia de Estado
Durante años, Sonora sufrió de «sexenalismo»: cada gobernador llegaba a inventar el hilo negro y desechaba lo anterior. Alfonso Durazo rompió ese ciclo vicioso al alinear al estado con las mega-tendencias globales.
El Plan Sonora de Energías Sostenibles no es un programa de gobierno; es una política industrial de largo plazo. Haber colocado a la entidad como el epicentro del nearshoring y la transición energética en Norteamérica es un logro que requiere maduración. Interrumpir esta visión para volver a modelos caducos pondría en riesgo miles de millones de dólares en inversión extranjera que ya ven a Sonora como un socio confiable. La continuidad garantiza que esas semillas plantadas hoy, sean la cosecha abundante de la próxima década.
Guaymas y la conexión logística: Un camino sin retorno
La modernización del Puerto de Guaymas y la carretera a Chihuahua son otro ejemplo de por qué la transformación debe seguir. Durazo entendió lo que otros ignoraron: Sonora es la puerta de salida de México hacia el Pacífico.
Estas obras de infraestructura son arterias vivas que necesitan seguir expandiéndose. Detener el ritmo de inversión o cambiar la prioridad logística sería condenar al estado al aislamiento nuevamente. El proyecto de Durazo ha dejado claro que Sonora tiene vocación de gigante logístico, y ese destino debe defenderse y profundizarse en los años venideros.

El blindaje social: Derechos, no dádivas
Quizás el legado más sensible es el humano. La Transformación de Sonora ha significado la creación del sistema de becas más robusto de la historia estatal. No se trata de regalar dinero, sino de democratizar el futuro.
Alfonso Durazo ha establecido un piso mínimo de bienestar. El reto para el futuro inmediato es que estos programas no sean vistos como una «ayuda del gobernador», sino como derechos adquiridos por los sonorenses que ningún cambio de administración pueda arrebatar. La continuidad del proyecto asegura que el presupuesto siga teniendo, primero que nada, rostro social.
Conclusión: Prohibido retroceder
Sonora está en un punto de inflexión. Hemos dejado de ser el estado del «ya mérito» para ser el estado del «ya estamos aquí». Alfonso Durazo ha fungido como el arquitecto de esta nueva realidad, limpiando la casa y trazando los planos del futuro.
Pero la construcción no ha terminado. Los cimientos son sólidos, sí, pero la obra negra requiere seguir pegando ladrillos con la misma visión y disciplina. Volver al pasado, a la frivolidad o al olvido del sur del estado, sería un error histórico.
La Transformación de Sonora ha iniciado, y por el bien de las nuevas generaciones, el único camino posible es hacia adelante. El legado de Durazo no es un punto final, es el punto de partida de un Sonora potencia que llegó para quedarse.








