Skip to main content
Historia

Independencia falsa

By abril 18, 2010No Comments

El acto que encabezó Miguel Hidalgo y Costilla, el 15 de septiembre de 1810, conocido como Grito de Independencia, en realidad no proclamaba la lucha por ella, pues en sus arengas lanzó vivas a Fernando VII, rey de España.

El primer acto realmente independentista en México fue el 19 de agosto de 1811, cuando Ignacio López Rayón instaura â??en Zitácuaro, Michoacánâ?? la llamada Junta Americana de Gobierno, que declara la independencia del país con relación a la corona española y a todos los europeos.

¿Quiénes han analizado esta parte de la historia de México?
El cronista municipal de Zitácuaro, el maestro Samuel Ruiz, organiza un coloquio para analizar la fecha del 19 de agosto de 1811, cuando se instala la Junta Americana de Gobierno, y que es el primer intento de tener un gobierno independiente, ya no dependiente de Fernando VII ni de nadie. Un mes antes de su instalación, en julio de ese año, habían fusilado a Miguel Hidalgo. Al coloquio asisten los cronistas municipales de Cadereyta, Querétaro, Huichapan, Hidalgo, y de Ciudad Madero, en Tamaulipas.

¿Qué representa esa Junta para la historia de México?

Nos representa la intención de independencia, porque don Miguel Hidalgo convoca a todos a tomar las armas, a levantarse en armas y a desconocer la intervención de Napoleón, pero sí grita â??Viva Fernando VIIâ?. Ahí no hay una intención clara de independencia, sino simplemente desconocer a parte de los europeos.

¿La Junta de Zitácuaro entonces representa el primer hecho independentista?

Sí, exactamente. Es el primer hecho real de un gobierno independiente, de gobernarse a sí mismo sin necesidad de los europeos. La junta es encabezada por don Ignacio López Rayón, quien es ingeniero metalúrgico y un hombre de luces, del conocimiento, a quien acompañan muchos hombres de Morelos, que es el que sigue la lucha armada después de Hidalgo

No Comments

  • Miquel Nadal Palazón dice:

    Estoy en desacuerdo con tu interpretación del viva a Fernando VII.
    Perimero, hay una simplificación excesiva del significado de su inclusión en el Grito de Dolores. Lo primero es que Hidalgo no quería incluirlo, pero lo hace a instancias de Allende. ¿Las razones allendistas? Razones estratégicas.
    En primer lugar, Fernando VII no era reconocido como rey de España por los españoles, ni en España ni en la Nueva España. De hecho, los españoles europeos en América desconocían a Fenando VII como Rey, por ser un advenedizo francés de la casa de Borbón; ellos sólo reconocían como Rey al de Castilla: cuando la Conquista, los territorios americanos se unen a la corona española, en calidad equivalente a los demás reinos “autónomos” de España (como Cataluña-Aragón o el País Vasco). Se esperaba que el Rey respetara la independencia de estos reinos (como ocurrió parcialmente con las leyes forales vascas). Así, el desconocimiento a Fernando VII en la época no era un llamado a la independencia de España, sino un desconocimiento del gobierno impuesto por Napoleón Bonaparte, con vistas a mantener los privilegios de clase de los españoles europos en América y los españoles americanos (criollos) de clase alta, lo que implicaba mantener la relación de dependencia (pero con autonomía) respecto a la metrópoli.
    El Grito de Dolores es parte de un movimiento de los criollos de clase media (Hidalgo, Allende, Aldama; posteriormente, los López Rayón, Quintana Roo, Cos). Esta clase social (a diferencia de la alta sociedad conservadora) había adoptado las ideas de la Ilustración y de la Revolución Francesa, de donde emanaba el poder de Napoleón (y por ende de Fernando VII). Así que reconocer a Fernando VII era desconocer los vínculos coloniales con España, dados a través de las clases altas, y declararse en favor de los ideales ilustrados franceses. Pretender que la inclusión de Fernando VII implica que no se pedía la independencia es una lectura anacrónica (es decir, fuera de época), descontextualizada.
    En segundo lugar, reconocer a Fernando VII aportaba una ventaja estratégica que sólo Allende y, posteriormente, Iturbide supieron ver: implicaba que la guerra se librara de manera interna, sin intervención de las tropas peninsulares (realistas) ni las napoleónicas. Y hubiera permitido, de darse el caso, recibir apoyos disimulados (o no) de Francia, como había ocurrido en la Independencia de Estados Unidos (apoyo que fuye un factor decisivo en dicha guerra).
    Hidalgo realiza algo más: amplía el movimiento de independencia para incluir a las “clases populares”, es decir, a los indígenas y las castas oprimidas, y plantea una lucha que buscaba no sólo la independencia política y administrativa (lo que querían los españoles europeos en América), y económica completa (lo que querían los criollos de clase media), sino además una reforma profunda del Estado, incluyendo la abolición de la esclavitud y una reforma agraria en contra de los latifundios. Aquí se suman al movimiento los mestizos y mulatos, como Morelos y Guerrero. Y los intelectuales, sea en la guerra (como Quintana Roo) o en la propaganda (como Mier o Fernández de Lizardi). Para dar gusto a las tropas populares, Hidalgo permite todas las tropelías habidas y por haber, lo que ocasiona una sublevación de los criollos (por ejemplo Allende y los López Rayón) que le retiran el mando de los ejércitos independentistas (ahora en manos de Allende).
    El planteamiento de Hidalgo es el retomado por las leyes de Reforma y por la Revolución Mexicana: la historia del México independiente está enraizada en el planteamiento de Hidalgo, no en el del movimiento criollo que lo desconoce.
    Después de caídos Hidalgo y Allende, la Junta de Zitácuaro retoma el rumbo criollo y desconoce a Fernando VII, y abandona los proyectos de reforma agraria y equidad social. Pierde apoyo popular, pierde unidad y hay un nuevo Virrey, de línea más dura en contra del movimiento: Calleja (no es una casualidad que una vez desconocido Fernando VII, éste nombre Virrey al cabecilla de las tropas realistas). Y el movimiento es derrotado: sólo quedan en pie los últimos vestigios de la rebelión popularista de Hidalgo y Morelos (principalmente, Vicente Guerrero y Pedro Asensio en el sur del país).
    Entonces aparece la figura de Iturbide, que había combatido a favor de los criollos de clase alta (esto es, de los realistas) y ahora abraza la causa independentistas, con el Plan de Iguala, el Abrazo de Acatempan, etcétera. Y logra consumar la Independencia por medio de los acuerdos del Tratado de Córdoba, donde se instauraba el Imperio, que quedaba en manos de Fernando VII o sus parientes (los Infantes Carlos, Francisco de Paula y Carlos Luis, en ese orden). Ninguno de ellos aceptó, e Iturbide asumió como Emperador.
    Al reconocer a Fernando VII como Emperador, se establece que México fuera un reino independiente dentro de la alianza de reinos españoles (como planteaban los españoles europeos y americanos de clase alta al comienzo).
    Es decir, la Idnependencia se consuma al grito de “viva Fernando VII”, igual que comenzó con la estrategia allendista de no luchar contra las tropas europeas. Decir que reconocer a Fernando VII es negar la independencia es un error que se desmiene con facilidad al ver lo sucedido en la década de 1820 y la consumación de la independencia, que se da de la mano de Fernando VII, no de la (desbandada, derrotada, casi olvidada) Junta de Zitácuaro, por más que ésta haya aportado la semilla del sistema jurídico independentista, después abandonado por la idnependencia triunfante.

Leave a Reply