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A muchos quizá y les duelen hasta los ojos solo de leerlo, pero la economía de México esta petrolizada. La historia del México moderno está tan íntimamente vinculada al petróleo que es imposible entenderla sin comprender la manera en que éste puso a nuestro país en el mapa global desde finales del siglo XIX y contribuyó a detonar y prolongar la etapa más sangrienta de la Revolución Mexicana.
Sin embargo, ha llegado la hora de hacer menos estrecho ese vínculo. Urge reducir la dependencia de los ingresos del fisco federal con respecto a los ingresos por exportación de hidrocarburos. Tan sólo en la última semana he podido revisar más de media docena de reportes sobre escenarios del mercado y los precios del crudo y el gas natural para periodos futuros, que van de tres años a una década y media, de fuentes tan diversas como la Agencia de Información Energética de los Estados Unidos, BP, Harvard, CERA, etc., cuyas previsiones para el barril de Brent y sus equivalentes van desde los 30 hasta los 200 dólares americanos. La Hacienda estructuralmente sólida que el progreso de México requiere, no puede ser rehén de semejantes rangos de incertidumbre.
¿Quién salvará a México? ¿El gasto público financiado con endeudamiento? Es aventurada esta gastada receta. La “recuperación” estimulada por pura creación de dinero y acumulación de deuda pública hace rato encontró sus límites políticos y sociales en el mundo entero. El petróleo sigue siendo hasta el momento, la unica llave que enciende el crecimiento.
El gastado truco “keynesiano” con sus quantitative easings y demás “instrumentos” reventó y volverá a generar crisis cada vez más severas donde se le aplique. El “truco keynesiano” funciona sólo si es creíble y si las inversiones del estado son viables, pero Estados Unidos, Inglaterra, etc incluyendo México, son pesimos administradores de empresas estatales.
La respuesta dependerá de la velocidad con que México tome ventaja del gran cambio global. Apuntaré aquí algunos rasgos esenciales del mundo venidero: 1) La aceleración de la destrucción creativa; 2) La cada vez más rápida desaparición del trabajo asalariado y su reemplazo por nuevas modalidades de colaboración descentralizada y no subordinada; 3) La erosión y gradual desaparición de los activos monetarios y su reemplazo por registros digitales; 4) El debilitamiento creciente de los Estados nacionales y el fortalecimiento de redes globales de intercambio y poder que no reconocen fronteras; 5) La sustitución creciente del consumo de bienes manufacturados y estandarizados por el disfrute de “experiencias” y la desaparición de la privacidad. Habrá que analizarlos en detalle para ver cuáles son las mejores respuestas que México puede adoptar ante ellos. De acertar en esas respuestas depende nuestra permanencia de largo plazo como Estado soberano.
Para salvar a México es indispensable más inversión innovadora en nuestra industria automotriz de exportación, industria que si usa el petróleo ya sea en sus componentes o como hidrocarburo.
Pero también en el desarrollo de nuevos yacimientos por nuestra industria petrolera en nuestro territorio y en otros países. En el 2015 las finanzas públicas amortiguarán el desplome de los precios internacionales del crudo gracias a las coberturas financieras adquiridas. Pero los precios del petróleo no volverán a sus niveles reales anteriores en al menos un lustro o más.
Tenemos ya solo meses para ser creativos, el petróleo caro se ha ido.
petróleo

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